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    Tierra de vientos > Tradiciones > Leyenda | Número 20 (Jul.-Ago. 2014)
    Por Edgardo Civallero

Diablos y chirimías


Diablos y chirimías

Cuentan que una chirimía salió al mercado de Popayán (capital del departamento del Cauca, Andes sur-occidentales colombianos) a tocar sus flautas y sus tambores para ganarse el pan del día. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, la gente no arrojaba una sola moneda. Lo intentaron todo –tocar temas más alegres, bailar, intercalar historias curiosas entre tema y tema– pero sin resultado. Hasta que el director de aquella banda, agotado y un tanto desesperanzado, se dijo que vendería su alma al diablo si de esa forma él y sus compañeros pudieran comer con su música.

Enseguida apareció el mismísimo demonio, bailando y retozando entre la gente del mercado, y recogiendo dinero a raudales en una bolsita. Desde ese día no hay chirimía en Popayán que no lleve a uno de sus integrantes disfrazado de diablo –con una sugestiva máscara, colorada y cornuda– y armado con un chicote, para bailar, hacer bromas pícaras al público, amenazarlos con su latiguillo y recoger los donativos.

Se dice que el diablo, amante de las buenas fiestas, se quedó a vivir en el Cauca. Y que para invocarlo solo hace falta que una chirimía se ponga a tocar.

El Monumento a la Chirimía que se alza a la entrada de la ciudad de Popayán no incluye el característico diablo. Los que allí lo alzaron pensaron que colocar a semejante personaje en una ciudad tan devota y rezadora hubiera sido un tremendo pecado.


Artículo. "La chirimía y el diablo de Popayán", por Marco A. Valencia Calle. En Proclama del Cauca.
Artículo. "Acerca del fenómeno de transculturación en la música de chirimía en Popayán, Colombia", por Paola Martínez. A Contratiempo, 15, julio de 2010.


Imagen A.


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