Tierra de vientos. Revista digital de música andina. Cabecera
Tradiciones andinas música andina
    Tierra de vientos > Tradiciones > Fiesta | Número 18 (Mar.-Abr. 2014)
    Por Edgardo Civallero

Chaya en La Rioja


Chaya en La Rioja

La actual fiesta de la Chaya deriva, como muchos otros eventos festivos sudamericanos que tienen lugar durante el mes febrero, de antiguas celebraciones prehispánicas de tiempos de cosecha: una expresión de la alegría comunitaria indígena y, a la vez, una forma de agradecimiento a la naturaleza por los dones recibidos. Tras la conquista europea y la imposición de la religión católica, todas estas festividades quedaron ocultas bajo el Carnaval (p.e. en el norte de Argentina, en Colombia, en el norte de Chile, en el norte de Perú...). Sin embargo, muchos de los valores y significados originales no se perdieron: continúan vivos, aunque estén enmascarados bajo términos ajenos.

Si bien la Chaya de La Rioja (noroeste de Argentina) suele asociarse al Carnaval (por una cuestión de calendario y por ciertas similitudes en las actividades), los propios riojanos señalan que existen muchísimas diferencias. En sus orígenes, se habría tratado de una celebración que marcaba el final de la cosecha del maíz y la algarroba, y la llegada de las primeras lluvias tras un verano generalmente caluroso y seco.

Existen diversas teorías sobre el significado del término "chaya". Podría derivar del término quechua chayaq, "el que llega" (del verbo chayay, "llegar"), aludiendo, según el etnógrafo argentino Samuel Lafone Quevedo, a la llegada de las Carnestolendas. O del verbo ch'allay, "rociar, esparcir [agua]", una forma de agradecimiento típicamente andina que se habría perpetuado en los juegos de harina y agua contemporáneos.

La Chaya –que atrae a numerosísimos visitantes de toda Argentina– se celebra en los distintos pueblos de la provincia de La Rioja a lo largo de todo el mes de febrero, con los actos principales concentrados durante los días del Carnaval. En las ciudades grandes se festeja por barrios, mientras que en los pueblos puede festejarse de forma comunitaria y/o por familias. Sea como sea, las casas de los vecinos más destacados y comprometidos con la fiesta se convierten en el epicentro de la algarabía general. Vecinos de todas las edades juegan con agua, harina y pintura (antaño almidón y agua perfumada), luciendo hojas y ramos de albahaca como adorno (y símbolo de la fiesta), cantando coplas y vidalas al son de las cajas, bailando, degustando los sabrosos platos de la gastronomía local y (los adultos) bebiendo mucho del excelente vino tinto que producen las viñas riojanas.


Chaya en La Rioja

La fiesta suele comenzar con el clásico "desentierro del Pujllay", un acto que se repite en muchos otros puntos de la geografía festivalera andina. También llamado Pucllay o Pusllay (del quechua puqllay, "jugar", "juego"), se trata de un muñeco de trapo de tamaño natural (probable herencia ibérica), mal vestido, provisto de una caja y una botella de vino, y que preside –sentado o de pie– las celebraciones. Su destino es ser quemado al final de la Chaya, generalmente el Domingo de Resurrección (también llamado "Domingo del Pujllay"), aunque antiguamente (y tal como ocurre más al norte en Argentina, sobre todo en la quebrada de Humahuaca, provincia de Jujuy) no era quemado sino enterrado.

Uno de los momentos más esperados de la Chaya es el "topamiento". Para este ritual –para el cual no existe una fecha determinada, y cuya estructura puede variar de lugar en lugar– se eligen dos personas que deseen convertirse en "cumpas" (compadres) o "cumas" (comadres). Se selecciona el sitio más espacioso del barrio o del pueblo, en donde se llevará a cabo el "topamiento", y se engalana con arcos, flores, globos y gallardetes; incluso puede prepararse un escenario para actuaciones en vivo. Hasta allí se desplazan, por lo general a la hora de la siesta, compadres o comadres con sus séquitos de acompañantes, armados todos de ramos de albahaca y bolsas de harina. Cincuenta metros antes de encontrarse, los compadres y/o comadres cantan vidalas y, bailando, proceden a juntarse y a intercambiar coronas de masa cocida o flores. Luego se convidan vino o aloja, y el resto de los participantes, bailando y saltando al son de las coplas y las cajas, se arrojan agua, harina y serpentinas para celebrar. También se reparte la "guagua", un muñeco de masa de pan que comen todos los asistentes.

La Chaya, dicen los riojanos, "iguala a todos". Bajo una máscara blanca de harina, en efecto, todos los vecinos son idénticos y pueden liberarse de las ataduras sociales y comportarse de la misma forma; saltar, cantar, bailar, emborracharse... Todos dejan, por unos días, las penas de lado. "Hasta que el cuerpo no aguante más", dicen que dura la Chaya. Entonces finalizará el festejo, se quemará el Pujllay y volverá la dura vida cotidiana. Habrá que esperar un año para volver a "soltar al diablo que uno lleva dentro".


Artículo. "La chaya riojana", en Nuestras Raíces.
Artículo. "La Chaya, con acento riojano", por Guido Piotrkowski. En Página/12.
Artículo. "Chaya riojana: Un Carnaval diferente", en Turismo La Rioja.
Artículo. "La fiesta de la Chaya en La Rioja", en Varieté.
Artículo. "El Pujllay", por Fernando M. Justo. En La Coplera.
Artículo. "En los topamientos de la Chaya todos son iguales bajo la harina", por Télam.
Blog. "La Rioja chayera".


Imagen 01. Baile popular y juego de harina durante la Chaya riojana.
Imagen 02. Juegos de harina 01.
Imagen 03. Juegos de harina 02.
Imagen 04. Después de los juegos de harina.
Imagen 05. Chaya y Pujllay.
Imagen 06. Quema del Pujllay.


Video 01. Documental "Chaya de Chilecito" parte 01.
Video 02. Documental "Chaya de Chilecito" parte 02.
Video 03. Coplas en la Chaya riojana.
Video 04. La Chaya riojana, según el músico Pino Romero.


Imagen A | Imagen B


> Arriba    |    > Tradiciones    |    > Portada    |    > In English