Tierra de vientos. Revista digital de música andina. Cabecera
Tradiciones andinas música andina
    Tierra de vientos > Tradiciones > Leyenda | Número 17 (Ene.-Feb. 2014)
    Por Edgardo Civallero

El niño tusuq


El niño tusuq

Como en muchos otros puntos de los Andes centrales, en la provincia de Parinacochas (departamento de Ayacucho, Perú) se dice que existen machay (cuevas) escondidas tras las phaqcha (cascadas) de ríos como el Huancahuanca. En esas grutas solían bañarse las sirenas, seres misteriosos en los que se mezclan los rasgos de las mujeres-pez clásicas con los de viejos espíritus andinos del agua. Y allí también iban los arpistas y violinistas a recoger canciones, pues las infinitas gotas que caen desde el techo a las lajas que tapizan el suelo de las cuevas producen melodías mágicas.

De una de esas grutas salió la "Danza de las tijeras" y su música. Así dicen en Parinacochas, y así lo recogió la escritora peruana Alfonsina Barrionuevo.


Se cuenta que un niño de unos once años que había ido a buscar leña cerca del río se encontró con otro de su misma edad, que le propuso que jugaran en la arena de las orillas. Así lo hicieron, hasta que el niño misterioso comenzó a bailar al son que parecía salir de la cercana phaqcha, haciendo acrobacias con los pies y llevando el compás con una extraña castañuela de piedra o rumi tijera que llevaba en su mano derecha. El niño de la leña imitó los movimientos, poseído por una inexplicable alegría que lo hizo olvidarse de todo. Cuando volvió en sí, su compañero se arrojó al agua y no volvió a aparecer.

Volvió a casa con su carga de leña y con las castañuelas de piedra que el otro había dejado olvidadas sobre la arena. Llegado al hogar, se puso a repetir los pasos de danza que acababa de aprender, ajeno a todo; su madre, alarmada por su ensimismamiento, notó que en la parte posterior del pantalón el niño llevaba colgando un tusuq muñeco ("muñeco bailarín") con ropas de colores brillantes. Cuando se lo arrancó, el pequeño danzarín volvió en sí. Asustada, la mujer quiso destrozar las rumi tijeras y quemar el muñeco, pero su hijo le rogó que no lo hiciera y que le cosiera unas ropas como las que llevaba el tusuq muñeco.

La historia se conoció en el pueblo, y todos acudieron para ver bailar al niño tusuq ("niño bailarín"). Los llaqtakumunruna (autoridades locales) decidieron hacer una fiesta para mostrar públicamente las habilidades del muchacho, pero pocos días antes del evento, éste desapareció. Tras larga búsqueda, un par de músicos lo encontraron cerca de la phaqcha, bailando al son de una melodía que parecía provenir del interior de la cueva, en donde, al parecer, había figuras de "gente que no era gente" tocando instrumentos desconocidos.

Esos instrumentos, el arpa y el violín, fueron reproducidos más tarde, y acompañaron al niño bailarín mientras tocaban las mil y una canciones que surgían del ruido del agua y de la phaqcha. Se dice que el muchacho tuvo muchísimos discípulos y que, cuando entendió que ya había transmitido el arte aprendido y que éste no moriría, se marchó y no volvió a ser visto. Quizás esté dentro de una de esas mágicas machay del Huancahuanca, bailando para siempre con sus rumi tijeras.


Artículo. "La magia del danzaq", por Alfonsina Barrionuevo.


Imagen A.


> Arriba    |    > Tradiciones    |    > Portada    |    > In English