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    Tierra de vientos > La gente > Cultura | Número 13 (Ene.-Feb. 2013)
    Por Edgardo Civallero

Comunidades de flautistas


Comunidades de flautistas

Tradicionalmente, una banda de sikuris solía estar constituida por individuos de una misma comunidad. A ella podían sumarse músicos de pueblos vecinos, pero, por lo general, se permitía ese ingreso solamente en caso de necesidad (es decir, de ausencia de suficientes flautistas locales). Con la activa participación y apoyo de sus conciudadanos, la banda era, entre otras cosas, la que animaba los festejos locales y la "representante" de la comunidad en las celebraciones de otros pueblos

La propia banda era, en sí misma, una comunidad en miniatura en la cual se replicaban los lazos y relaciones sociales imperantes fuera de ella. Solía tener un director, que era el que componía u obtenía las nuevas canciones, las nuevas flautas y los bombos; el que enseñaba las melodías y organizaba a los integrantes según "cortes" (tamaños de instrumento); el que los entrenaba en la interacción entre las dos "mitades" de la flauta (arka e ira) y en la combinación de distintas voces... El cargo de director lo ejercía, por lo general, una persona respetada por todos por sus conocimientos y destrezas; evidentemente, existían conflictos con tales autoridades, pero no eran demasiado frecuentes.

Dentro de la banda, los músicos intérpretes de mitades arka debían conjugar sus sonidos con los intérpretes de mitades ira complementarias. Se creaba así una estrecha relación entre individuos que debían compenetrarse profundamente para lograr construir una canción correctamente. Además de esta interacción arka-ira, en algunas bandas de sikuris (p.e. en las de Conima) los distintos "cortes" ejecutan además distintas "voces".

El sonido de la banda era único; los directores de cada una se encargaban de pedir tropas de flautas con medidas particulares, y de modificarlas a su conveniencia para crear una armonía especial. De ese modo, cada conjunto (y el pueblo al que pertenecían) era claramente identificable a través de su música. Al respecto, Ernesto Cavour ("Los instrumentos musicales de Bolivia") comenta lo siguiente:

Los zampoñeros antiguos nos cuentan que sus antepasados tenían formas diferentes de conseguir sus medidas. Una forma estaba en que el maestro (director del grupo) iba con un tubo de caña larga por ríos, montañas y serranías buscando la arena más finita que se podía encontrar, cuando encontraba ese polvillo lo iba echando a la caña. Una vez que ya no se podía encontrar ese polvo mágico, para la búsqueda; la altura de la arenilla en el tubo era la medida del año, con la cual el maestro músico estaba apto para fabricar la zampoña partiendo de un solo tubito.


Comunidades de flautistas

El sentimiento de pertenencia a la banda era lo suficientemente fuerte como para que surgieran rivalidades con otras agrupaciones. Tales rivalidades potenciaban el afán de perfeccionamiento y superación en términos de música, danza y vestuario, aunque a veces desembocaban en enemistades y riñas.

A través de la migración del campo a la ciudad, las bandas de sikuris se extendieron desde sus áreas rurales de origen a las zonas urbanas, las cuales, en los últimos tiempos, han sido testigos de una extraordinaria multiplicación del número de estas agrupaciones. En ese trasvase, muchos de los rasgos originales mencionados arriba desaparecieron; quizás el más notable sea la pérdida de la diversidad de tamaños y afinaciones de flautas. De hecho, en la actualidad suelen preferirse las dimensiones estandarizadas y los tamaños pequeños para las tropas de zampoñas, y buena parte de los estilos más antiguos y tradicionales se han ido perdiendo ante el avance de otros más aceptados por las audiencias modernas.

A pesar de todas las adaptaciones e influencias externas que ha sufrido y de los lógicos procesos de evolución interna a la que se ha visto sometida, la "cultura sikuri" mantiene intactas las ideas que sustentan la existencia misma de estas expresiones culturales. Una de ellas es la de interpretación artística libre y en comunidad; quizás la más atrayente en estos tiempos de individualismos y mercantilismos.


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