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    Tierra de vientos > La gente > Cultura | Número 12 (Nov.-Dic. 2012)
    Por Edgardo Civallero

Los afrobolivianos


Los afrobolivianos

El término "afroboliviano" se adoptó como una etiqueta auto-descriptiva con la emergencia de un movimiento de conciencia "afro" en Bolivia a principios de los 90. Hasta entonces, los afrodescendientes se consideraban a sí mismos simplemente "bolivianos", mientras que el resto de sus compatriotas los veía como "negros" o "morenos".

Para 1996 se calculaba que la población afroboliviana sobrepasaba las 20.000 personas, pudiendo incluso llegar a las 30.000. Se ubicaban sobre todo en los valles cálidos o yungas del oriente del departamento de La Paz: en los pueblos de Coroico, Tocaña, Mururata y Coripata y en las comunidades de Chijchipa, San Joaquín, Santa Ana, Santa Bárbara, Marca, Suapi, Coscoma, Cala Cala, Dorado Chico, Dorado Grande, Arapata, Chilamani, San Félix, Yarisa y Ciénagas (provincia Nor-Yungas), y en los pueblos de Chulumani, Chicaloma y Huancané y las comunidades de Colpar, Naranjani y Villa Remedios (provincia Sud-Yungas).

Una parte de la población afroboliviana se ha desplazado, forzada por las deplorables condiciones económicas de sus lugares de origen, a ciudades como La Paz, Cochabamba, Sucre y Santa Cruz de la Sierra. Allí han conformado sólidas comunidades de emigrantes que, tristemente, siguieron soportando hasta tiempos recientes la misma discriminación racial y el mismo olvido del cual huían cuando dejaron atrás sus yungas.


Los afrobolivianos

En líneas generales, las comunidades afro-yungueñas (rurales) se encuentran esparcidas en las laderas de las montañas; cada una está compuesta por entre 25 y 50 familias, generalmente emparentadas. Las casas suelen ser de adobe y madera, con techos de chapa; no hay conducciones de agua ni baños en las poblaciones pequeñas, y en las medianas pueden encontrarse, con suerte, letrinas comunales. La electricidad llega únicamente a las localidades grandes. Por lo general, los afrodescendientes cocinan con leña, se iluminan con lámparas o linternas, y obtienen agua de pozos y pilas comunitarios.

Los campesinos afrobolivianos se encuentran entre los pobladores más pobres y desaventajados del país. Si bien las tierras en las que viven son fértiles y producen cantidades muy significativas de frutas tropicales (plátano, cítricos, papayas) y de café y yuca, los agricultores no pueden asumir los costes del transporte hasta los grandes mercados (ni los frecuentes cambios de precios); por ende, muchos prefieren cultivar coca, que es comprada por intermediarios a muy bajo precio.
Su organización social se basa sobre todo en la familia y en las relaciones intracomunitarias. Existen, además, sindicatos, movimientos y organizaciones de ámbito local, tales como MOCUSABOL y CADIC. Los afrobolivianos poseen, además, un monarca simbólico, Julio Pinedo, el único de su clase en América del Sur, descendiente de un supuesto rey del Congo que fue llevado a Bolivia como esclavo.


Los afrobolivianos

La cultura afroboliviana (que no incluye únicamente la faceta musical, aunque ésta sea la más visible en la actualidad) ha sido fuertemente influenciada por la de los Aymara, que han modificado desde su lengua hasta su vestimenta. De hecho, en líneas generales, podría decirse de muchos afrobolivianos que son Aymara de piel más oscura. Sin embargo, si bien los afrodescendientes de la provincia Sud Yungas hablan aymara y se casan con Aymara o mestizos sin problemas (como una estrategia para elevar la posición social de los hijos), los de la provincia Nor Yungas son prácticamente endógamos y mantienen fuertes tensiones raciales y sociales con sus vecinos Aymara.

No existe una indumentaria tradicional afroboliviana; como queda dicho, suelen vestir al modo Aymara, en especial las mujeres, cuya vestimenta incluye las típicas faldas de colores, las mantas y los sombreros hongo.

Tampoco poseen formas elaboradas de artesanía. Puede considerarse como tal la construcción de los instrumentos musicales empleados en la interpretación de la saya, en especial las cuanchas y las coloridas jawq'aña o baquetas. Podría agregarse el tejido de alfombras de cojoro (fibra de bananero), antaño habitual y hoy caído en el olvido. El arte se concentra en las expresiones musicales y en la poesía declamada e improvisada.

Los platos yungueños respetan las recetas típicas del altiplano, aunque también incluyen productos locales como la yuca, el plátano y las habas. Entre las comidas populares afrobolivianas se cuentan el ají de poroto, el pisao de plátano, el ají de chiwa, el ají de arvejas y la fritanga.

La medicina tradicional se basa en la farmacopea local, sobre todo en el empleo de hierbas, que son usadas por curanderos y comadronas.


Los afrobolivianos

De la lengua original de los afrodescendientes solo quedan rastros residuales en el canto fúnebre del mauchi, en donde se combinan, supuestamente, vocablos de las lenguas africanas kikongo y kimbundu. En la actualidad los afrodescendientes de Sud Yungas hablan aymara y la mezcla de español y aymara habitual del departamento de La Paz, mientras que en Nor Yungas se habla un español "afro" con un número de características particulares que lo vuelven ciertamente especial, y que se encuentra en trance de desaparecer.

Comparten con el resto de las comunidades rurales de Bolivia sus creencias católicas/sincréticas. En las iglesias de los yungas se celebran misas, bautismos, matrimonios y otras ceremonias, y cada comunidad se encuentra bajo la protección de un santo patrón, que es homenajeado de acuerdo a las fechas del calendario cristiano. La única costumbre religiosa no-cristiana de la que se tiene constancia es el mauchi, un canto fúnebre entonado cuando se vuelve del cementerio, de un entierro, y que se repite en Todos los Santos. Los hombres se toman de las manos y forman un círculo; un anciano lidera el canto, que es respondido a coro por los demás. Si bien algunos autores señalan que en los yungas sobreviven rezagos de cultos africanos similares a la santería cubana o el umbanda brasileño, no hay documentación que avale semejante afirmación.

En la actualidad, la población afroboliviana padece serias deficiencias, como la falta de escuelas (o de maestros que trabajen en ellas), de servicios de salud (o de doctores y enfermeras que se ocupen de ellos) y de infraestructura, entre otros elementos básicos. Los movimientos sociales afrobolivianos reclaman continuamente por el bienestar de su gente, pero también pretenden cimentar un proyecto sociopolítico a largo plazo en el que los afrodescendientes de Bolivia recuperen todos sus derechos, su dignidad y una identidad de la que muchos abusaron hasta hoy. Con la saya por bandera, lo están consiguiendo.


Afroboliviano, en Wikipedia.
Artículo. "Pueblo afroboliviano, cultura llena de tradiciones", en Vida cotidia nitica.
Artículo. "Afro-Bolivians: A forgotten people in South America's poorest country", por Yasmin Khan [en].
Artículo. "Afro-Bolivians". En EveryCulture [en].
Artículo. "Afro-Bolivians". En World Directory of Minorities and Indigenous Peoples [en].
Artículo. "Chicaloma, el corazón negro de los yungas", en Viaje al corazón de Bolivia.
Artículo. "Parecemos extranjeras en nuestra propia tierra, totalmente desconocidas por el resto de la población: Condición de las mujeres afrobolivianas". UNIFEM (Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer).
Artículo. "Propuesta del pueblo afroboliviano en la Asamblea Constituyente". En Boletín Afroboliviano de MOCUSABOL, 3(3), 2007.
Tesis. "Impacto del pueblo afroboliviano en el reconocimiento de sus derechos humanos en el proceso Constituyente de Bolivia 2006-2008", por María Martínez Mita. Universidad Andina Simón Bolívar (Ecuador).


Album fotográfico de la BBC "Afro-Bolivian family" [en].


Imagen 01. Mujeres afrobolivianas.
Imagen 02. Madre e hijo.
Imagen 03. Músicos de saya.
Imagen 04. Niños afrobolivianos en la escuela de Tocaña.


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