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    Tierra de vientos > Tradiciones > Leyenda | Número 12 (Nov.-Dic. 2012)
    Por Edgardo Civallero

El Zambo Salvito


El Zambo Salvito

Salvador Sea nació en 1838 en Chicaloma, en los yungas de La Paz, hijo de Zacarías y Rosa, dos esclavos negros que agotaban sus días en una hacienda. A los 7 años, el niño fue testigo de como el capataz mataba a su padre a latigazos. Su madre huyó con él a la ciudad de La Paz, instalándose en el Tambo San José de la Ch'appi Calle. En aquella vecindad colorida y ruidosa, Rosa se empleó como ayudante de cocina mientras Salvador crecía libre y descontrolado.

Pronto Rosa pasó a trabajar con otra mujer afroboliviana, la Negra Norma, que vendía brujerías. A la vez, lavaba y planchaba ropa por encargo. El trabajo duro minó su salud, falleciendo al poco tiempo. Salvador quedó a cargo de la Negra Norma, quien le instiló todo el odio y el resentimiento que sentía hacia los blancos y los mestizos. Fue ella la que lo comenzó a llamar "Salvito".

De adolescente, y amparado por su madrastra, el "Zambo Salvito", como ya se lo conocía, comenzó una prolífica carrera de robos con violencia; de hecho, su primer asalto terminó con la muerte de la víctima. Formó una cuadrilla protegida por la Negra Norma, que se ocupaba de vender el producto robado. Meses después del inicio de sus "actividades", y con la policía sobre su pista, los miembros de la banda criminal se refugiaron en una cueva del camino que unía La Paz con los yungas. Desde ese escondrijo comenzaron a asaltar a los comerciantes, violando a las mujeres, decapitando a todos y quedándose con todas las pertenencias. La guarida, bautizada como "la Cueva de los Cinco Dedos", estaba ubicada cerca de una laguna a la que, según se cuenta, echaban todos los cadáveres de sus víctimas. Las narraciones populares dibujaron la personalidad del "Zambo Salvito" con tintes melodramáticos: para unos, era brujo y asesino; para otros, un vengador de su raza y un amante apasionado.

Una noche de 1870, Salvador Sea fue delatado y apresado. Él y toda su cuadrilla fueron condenados al paredón de fusilamiento. El día de la ejecución, toda La Paz estuvo presente, incluyendo a la Negra Norma. Se dice que, como último deseo, el "Zambo Salvito" pidió decir un secreto al oído de su madrastra. Cuando ésta se acercó, le arrancó la oreja de un mordisco; según gritó antes de morir, aquello era el castigo que merecía por todas sus malas enseñanzas.

Así acabó el hombre y nació una leyenda que ha servido, en muchos casos, para estigmatizar a los afrobolivianos como delincuentes natos, dentro de la sociedad mestiza paceña.


Artículo. "El Zambo Salvito, un ladrón hecho leyenda", en la Página de Mónica Oblitas.


Imagen A.


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