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    Tierra de vientos > La tierra > Historia | Número 12 (Nov.-Dic. 2012)
    Por Edgardo Civallero

Descendientes de esclavos


Descendientes de esclavos

De acuerdo a las crónicas históricas, la presencia de africanos en el Alto Perú (la Bolivia colonial) comenzó en 1532, pero su traslado masivo como mano de obra prisionera se inició poco después, tras el descubrimiento de las minas de plata del "Cerro Rico" de Potosí en 1543.

Procedentes del área del Congo y Angola, los esclavos fueron incapaces de soportar el duro trabajo de las minas y, al mismo tiempo, el suruqchi: el mal provocado por una altitud a la que no estaban acostumbrados (alrededor de 4.000 mts.). La labor en los túneles que perforaban las entrañas del "Cerro Rico" se dejó entonces para los mitayos indígenas, y se destinó a los africanos a otros menesteres. Los más "afortunados" pasaron a trabajar como sirvientes en las casas de los españoles y los criollos; los menos fueron llevados a la Casa de la Moneda de Potosí. Allí, entre 1574 y 1773, fundieron y laminaron el metal, cortaron pedazos y acuñaron a mazazos las monedas llamadas macuquinas (piezas latinoamericanas acuñadas toscamente a golpe de martillo entre los siglos XVI y XVIII). En continuo contacto con venenosos gases de mercurio, malamente alimentados y trabajando, en ocasiones, a fríos de bajo cero, la esperanza de vida de esos hombres no superaba el puñado de meses.

Otros tantos fueron llevados a las zonas cálidas del oriente boliviano, a los campos de cultivo, de forma que para 1807 solo quedaban en la antaño señorial Potosí unos 450 africanos. Tanto ellos como muchos de sus hermanos de las plantaciones lucharon contra los "realistas" durante las guerras de la independencia boliviana, a partir de 1809, quizás confiados en las promesas de igualdad y libertad de los revolucionarios locales.

Con la llegada de la independencia y el inicio del periodo republicano en 1825, surgieron en Bolivia las haciendas, sobre todo en los valles cálidos o yungas, cuyo clima era idóneo para el cultivo de cítricos, frutas tropicales, café, yuca y coca. Y allí trabajaban los antiguos esclavos africanos, que, lamentablemente, aún lo seguían siendo. En las haciendas, las duras condiciones de vida eran iguales para adultos y niños, y los castigos, crueles, no hacían excepciones con nadie. Las muertes a latigazos no eran raras; tampoco las fugas.

En 1851 el presidente Isidoro Belzu abolió la esclavitud. Fue un movimiento cosmético, pues los supuestos beneficiarios del decreto no se movieron de sus lugares: técnicamente, hacía tiempo que habían dejado de ser esclavos, es decir, de tener propietario. Se sabe que para 1883 había unos 6.000 afrodescendientes en Bolivia. La libertad real les llegó con la Revolución Nacionalista de 1952, que eliminó el trabajo gratuito y la servidumbre. Fue entonces cuando cientos de hombres y mujeres fueron nuevamente dueños de sus vidas, y cuando cientos de niños afrobolivianos pudieron ir a la escuela, un derecho que les había sido negado hasta aquel momento.

En 1996, el censo boliviano ignoró a las poblaciones de ascendencia africana, pero ellos se ocuparon de hacer las cuentas y llegaron a la conclusión de que eran más de 10.000. Y de que ya no tenían que seguir soportando ninguna cadena, ninguna humillación más.


Artículo. "Los esclavos en la Audiencia de Charcas", en Kalipedia.
Artículo. "Bolivia: The African presence", por Juan Angola Maconde. En Boyce Davies, C. E. (ed.) Encyclopedia of the African Diaspora: Origins, Experiences and Culture - Vol. 1 [en].


Imagen A


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