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    Tierra de vientos > La tierra > Historia | Número 11 (Jul.-Ago. 2012)
    Por Edgardo Civallero

El Carnaval antes del Carnaval


El Carnaval antes del Carnaval

En América Latina en general, y en los Andes en particular, el Carnaval fue una celebración impuesta durante el siglo XVI por los conquistadores europeos y los misioneros católicos.

Mediante semejante imposición, las autoridades coloniales y los frailes pretendían anular y enterrar las prácticas "idólatras" de los pueblos originarios de las distintas regiones de los Andes, que en el mes de febrero celebraban la aparición de los primeros productos agrícolas y agradecían a las fuerzas de la tierra por ese regalo. El objetivo se cumplió a medias: los siglos mostraron que las ceremonias indígenas de festejo agrícola, lejos de desaparecer, solo se ocultaron bajo el manto de las festividades y ritos católicos.

En el noroeste de Argentina, los rituales del pueblo indígena Colla (sociedad originaria nacida de la fusión de varios grupos indígenas regionales) continúan vivos y afloran durante las Carnestolendas en Humahuaca, San Antonio de los Cobres o La Rioja. Los instrumentos musicales más antiguos y tradicionales, las "challas" u ofrecimientos de bebida a la Pachamama y la costumbre de desenterrar y enterrar el "pujllay" (un muñeco que simboliza el espíritu de esos tiempos de fiesta) son rasgos indígenas que no han desaparecido.

En el Norte Grande chileno, la presencia indígena (sobre todo de la cultura Aymara) en los Carnavales es aún más notoria. De hecho, puede decirse que, exceptuando los rituales católicos más básicos, el resto de la celebración se ciñe a las costumbres y tradiciones nativas, que festejan el final del jallu pacha o periodo de lluvias. En Chiapa, Socoroma, Pica o Caspana, las bebidas, comidas, ropas, música, festejos comunitarios e incluso la propia lengua pertenecen al acervo cultural aborigen. Pero no sólo al de los Aymara, mayoritarios en la zona, sino también al de los Atacameños o Lickan-Antay: rezagos de sus costumbres quedan reflejados en el "Carnaval Santo" de San Pedro de Atacama.

Ese acervo es mucho más fuerte todavía en la Meseta del Collao, el altiplano boliviano-peruano. Allí los sacerdotes católicos se han visto forzados a adaptar muchas de sus reglas para ajustarse a las costumbres de sus fieles Aymara y Quechua. Las danzas más ancestrales, los ritmos e instrumentos musicales más antiguos y las vestimentas más tradicionales aparecen en comunidades, pueblos y ciudades, inundándolo todo. Los agradecimientos a la Pachamama y a los Achachilas (espíritus protectores, vinculados con accidentes geográficos o elementos de la naturaleza) son aquí la regla y no la excepción, y los santos y vírgenes católicos no son sino personificaciones mestizas de espíritus originarios. Algunas danzas, como la Diablada, tienen sus raíces en antiguas leyendas del pueblo Uru, mientras que otras continúan burlándose de los conquistadores españoles cinco siglos después de la conquista.

En los Andes peruanos, los Carnavales se superpusieron con celebraciones propias del Tawantinsuyu o Imperio inca, en especial las llevadas a cabo durante el Jatun Puquy Killa (en quechua, "luna/mes de la gran maduración"), que correspondía al actual febrero, y durante el Pacha Puquy Killa (en quechua, "luna/mes de la maduración de la tierra"), equivalente a marzo. De acuerdo a Guaman Poma de Ayala, en su "Nueva Corónica y Buen Gobierno", se realizaban ofrendas y sacrificios agradeciendo la aparición de las primeras cosechas de papas y maíz. En la actualidad, durante el mismo periodo de tiempo se siguen realizando "pagos" a la tierra en todas las comunidades peruanas, y se siguen ejecutando muchos de los viejos ritmos y danzas al son de instrumentos que parecen directamente extraídos de las famosas ilustraciones de las "Corónicas" de Guaman Poma.

Por su parte, en Ecuador los Carnavales se superpusieron a la celebración del Pawkar Raymi, que en la actualidad se continúa celebrando en varios puntos de la geografía andina ecuatoriana, sobre todo en el valle de Otavalo.

El Carnaval antes del Carnaval continúa presente y vigente en todos los Andes. En ocasiones es difícil delimitar en donde terminan los rasgos indígenas y en donde empiezan los europeos, tal es el grado de mestizaje. Pero en la mayoría de los casos, ni siquiera es necesario rascar la pintura con que los conquistadores y colonizadores pretendieron cubrir a las culturas originarias: allí están, abiertas a todos aquellos que deseen disfrutarlas.


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