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La gente Pueblos andinos
    Tierra de vientos > La gente > Cultura | Número 11 (Jul.-Ago. 2012)
    Por Edgardo Civallero

Costumbres de Carnaval


Costumbres de Carnaval

En los Andes, el Carnaval se inicia, por lo general, con el "desentierro del diablo" o del "pujllay", personajes simbólicos que se adueñarán del pueblo o de la comunidad durante el periodo que dure la fiesta. Pues las Carnestolendas son tiempos de pecados y excesos, de embriaguez y libertinaje: el amor anda suelto, también los bajos instintos. Y serán los disfraces y las máscaras de demonio los que predominen en las comparsas y los desfiles.

Por otro lado, en las comunidades con mayor raigambre indígena, se aprovecha la ocasión para realizar "pagos" (ofrendas) de agradecimiento a la tierra, que incluyen bebidas de distintos tipos, hojas de coca, sebo de llama y otros elementos.


Costumbres de Carnaval

Durante los primeros días del Carnaval andino tiene lugar una costumbre que se repite en varios rincones del universo andino: los enfrentamientos entre compadres y comadres. Tales "encuentros" o "topamientos" suelen traducirse en concursos, competencias y, sobre todo, en intercambio de coplas picarescas (que pueden llegar a ser ciertamente ofensivas en algunos casos). Éstas se cantan al son de los instrumentos tradicionales de cada región, sobre todo los pequeños membranófonos, las trompetas naturales y algunos pinkillos. Asimismo, es habitual el convite de platos típicos y bebidas espirituosas en puestos callejeros y, en los pueblos pequeños, en muchas casas particulares. Por ellas desfilan grupos de bailarines y músicos, todos ellos cubiertos de guirnaldas, confetti o harina, y en ocasiones totalmente empapados de agua.

En algunas regiones es habitual que los miembros de esas comparsas lleven en gorros, sombreros y chalecos un ramito de albahaca, símbolo del Carnaval y, según se cree, antídoto contra la borrachera. Una borrachera que en ocasiones parece inevitable: en el noroeste argentino existe la costumbre de "vacunar" a los que visitan una casa: antes de entrar tienen la obligación de beber varios tragos de alguna bebida fuerte. Tras varias visitas y varias "vacunaciones", el estado de los comparseros puede llegar a ser realmente lamentable.


Costumbres de Carnaval

Los tradicionales juegos de harina y agua, que se celebran prácticamente en todos los Andes, han sido lentamente sustituidos por el de pinturas o el de espumas comerciales (llamadas "cariocas"); sin embargo, aún continúan llevándose a cabo. Consisten en verdaderos combates entre los participantes de la fiesta, que intentan empapar o embadurnar lo más posible al vecino o compañero de juerga. No es raro ver a los reporteros televisivos que cubren los Carnavales más importantes cubiertos por impermeables para intentar evitar los efectos de los numerosos baldazos de agua que seguramente recibirán.


Costumbres de Carnaval

Dentro de los festejos, los actos religiosos católicos tienen un lugar importante. Las procesiones de santos y vírgenes (p.e. la Virgen de la Candelaria), las misas y los homenajes cantados y bailados forman parte del núcleo de la celebración. Asimismo, también se dan actos ceremoniales indígenas, como procesiones o visitas a lugares considerados sagrados. Por el lado más profano destacan los desfiles de carrozas y comparsas, en donde se incluyen los grupos de danzas y las formaciones musicales que dan mayor brillo a la celebración. Asimismo se organizan concursos deportivos y de disfraces, exhibiciones gastronómicas, elecciones de reinas de la fiesta, carnavales infantiles y un sinnúmero de eventos comunitarios.


Costumbres de Carnaval

En el área andina central existe la tradición del cortamontes, yunsa o unsha, un árbol que se corta en el monte y se traslada hasta algún punto céntrico del pueblo, en donde se lo "planta" y se lo decora con objetos y regalos. Días más tarde, la comunidad se reúne en torno al árbol y, mientras algunas parejas danzan en ronda a su alrededor, se van turnando para hachar el tronco. Cuando éste finalmente cae, la gente se lanza a recoger los presentes enganchados en sus ramas.

Finalmente, durante las cacharpayas se despiden los Carnavales. En ocasiones se entierra al "diablo" o al "pujllay", simbolizados por un muñeco, con la promesa de volver a desenterrarlo el año siguiente. Con él se entierran recuerdos que aguardarán dormidos un ciclo, a la espera de más risas, más cantos, más disfraces y más juegos de harina y agua.


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