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    Tierra de vientos > Instrumentos > Instrumento | Número 11 (Jul.-Ago. 2012)
    Por Edgardo Civallero

Tarkas y anatas


Tarkas y anatas

La tarka, tarca, tarkha o tarqa (en Argentina, anata) es un aerófono de la familia de los pinkillos, de origen Aymara e interpretado tradicionalmente en los territorios ocupados o influidos por ese pueblo: sur del Perú, altiplano de Bolivia y áreas adyacentes, norte de Chile y noroeste de Argentina.

Se trata de una flauta de pico elaborada a partir de una pieza maciza de madera de mara, kapa, mululo, cedro o tarko, árboles en general abundantes en las zonas húmedas del oriente boliviano. La pieza, de sección cuadrada (o, en ciertos casos, redonda u octogonal) es perforada longitudinalmente y en su extremo proximal se inserta una tapa o tarugo (tapatiro, tapatera) que ejerce de embocadura. En la mitad distal, la madera es rebajada: allí se perforan seis orificios de digitación, todos ellos delanteros. En ocasiones, la superficie del instrumento se talla y se decora profusamente, e incluso se la pinta y se la barniza, aunque no suele ser lo habitual: esas tarkas son consideradas por los músicos como meros souvenirs turísticos.

Las tarkas pueden construirse utilizando otros materiales, como la caña. Existen ejemplares, procedentes de Uyuni (departamento de Oruro, Bolivia), elaborados en aluminio. Tales instrumentos son fabricados por los propios intérpretes, dado que la manufactura de tarkas de madera precisa de conocimientos técnicos especiales, y suele quedar en mano de carpinteros y luriris (luthiers) avezados en su oficio.

En líneas generales, las tarkas más populares son las realizadas en madera de mara, de color marrón rojizo y de sección cuadrada. Tales instrumentos son producidos, sobre todo, en los famosos talleres de la comunidad Walata Grande (departamento de La Paz, Bolivia). Sin embargo, existe una variedad de tarkas elaboradas en madera de tarko, de color blanco. Ésas son de sección redonda u octogonal, muy gruesas (hasta 8 cms. de diámetro), macizas y pesadas, y se construyen en los talleres de la comunidad Pampa Aullagas (provincia de Ladislao Cabrera, departamento Oruro). Tales tarkas, conocidas como "orureñas", suelen interpretarse en el altiplano de ese departamento, sobre todo en la región de Salinas de Garci Mendoza y Curahuara de Carangas, de donde, según la tradición, provendrían estos instrumentos originalmente.

Las tarkas se tocan en tropas, conjuntos de entre 10 y 50 músicos, acompañadas únicamente por instrumentos de percusión. Cada tropa incluye entre dos y cuatro tamaños, aunque las llamadas ayawayas poseen solo uno. Se emplean para interpretar el estilo denominado "tarkeada" o "tarqueada" (en Argentina, "anateada"): ritmos populares como huaynos, pasacalles o marchas, ejecutados por estos conjuntos de aerófonos. Tradicionalmente, y como ocurre con el resto de las tropas de aerófonos andinos, los músicos van bailando mientras tocan.

En el noroeste argentino, sin embargo, es común encontrar a un único anatero que, con acompañamiento de bombo, toca los llamados "saltos de anata", canciones para bailar en ronda.


Tarkas y anatas

La tarka tiene una sonoridad muy particular: posee lo que en quechua se denomina "t'aras" y en aymara "richas", una serie de armónicos que hacen que su voz sea un bramido ronco y vibrante. Si bien su tesitura cubre dos octavas, los tarkeros prefieren la octava aguda, lo cual hace que el sonido sea aún más chillón. A eso se une el hecho de que, al carecer de orificio trasero, la única forma de lograr la octava aguda sea soplando con toda la fuerza de los pulmones. Los propios intérpretes afirman que es imposible interpretar una tarka de forma "delicada": ello le haría perder su personalidad. Según ellos, "hay que hacerlas llorar".

El hecho de que se interpreten en grandes tropas (cuyas voces crean armonías de cuartas, quintas y octavas) y de que los instrumentos pocas veces estén "afinados" (desde una perspectiva europea) hace que el resultado sonoro final oscile entre lo mágico y lo perturbador. De hecho, el sonido de las tarkas es fácilmente identificable, y es uno de los que más cuesta comprender a los oyentes no familiarizados con las tradiciones musicales andinas más puras.

Entre los Aymara es considerado el instrumento carnavalero por excelencia. Se trata de una flauta de jallu pacha o época de lluvia (desde Todos los Santos, a principios de noviembre, hasta Carnavales, en febrero/marzo), utilizada en rituales de agradecimiento a la Pachamama y al Sereno, o bien para alejar malos espíritus (saqra) o convocar a los muertos. En ciertas áreas de los Andes se afirma que su "llanto" atrae la lluvia y el granizo, mientras que en otras se sostiene que aleja las aguas no deseadas.

El origen del nombre no está claro. Si bien hay muchas teorías, el diccionario aymara de Ludovico Bertonio (1612) incluye el término "tarcaca": "voz ronca, enronquecer, terco, mal mandado, duro". Una definición que ilustra muy claramente el canto de esta flauta, dura, ronca e inimitable.


Tarka, en Wikipedia.
Anata, en Wikipedia.
Artículo. "Rito y música de tarka en la Anata andina", en EducaBolivia.
Artículo. "Primera aproximación a la acústica de la tarka", por Arnaud Gerard A.. En Revista Boliviana de Física, 13(13), 2007.


Imagen 01. Ejemplo de tarka tallada y pintada.
Imagen 02. Tropa de tarkas octogonales de madera blanca.
Imagen 03. Ejemplo de tarka de madera de mara.


Video 01. "El alizal", por Conjunto de tarkeada "Juventud Hijos de Huanara" (Perú).
Video 02. "Panti pantisito", por Tarkeada "Proyección Cultural Andina" Bolivia).
Video 03. "Adiós, pueblo de Ayacucho", por Tarkeada "Proyección Chacamarma" de Huancané (Perú).
Video 04. Tarkeada "Santiago de Machaca" (Bolivia).
Video 05. Tarqueada en Visviri (Chile).
Video 06. Tarqueada "Las Cruces" (Puno, Perú).


Imagen A y B: Edgardo Civallero


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