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    Tierra de vientos > Instrumentos > Instrumentos | Número 10 (May.-Jun. 2012)
    Por Edgardo Civallero

Aerófonos andinos (04): trompetas naturales


Caracola

Las trompetas naturales son aerófonos en los cuáles el aire vibra merced a la fuerte presión que ejercen los labios apretados del músico. Se las llama “naturales” porque, a diferencia de otras trompetas, no poseen mecanismos para modificar el sonido (orificios o válvulas que permitan variar la longitud de la columna de aire para obtener diferentes “notas”). Por ende, los intérpretes de este tipo de instrumentos de viento deben usar su destreza para sacar partido de las posibilidades que les brinda la ley física de “armonías naturales”. Según este principio, dependiendo de la forma del instrumento y la fuerza con la que se lo sople, se obtiene una nota base (tónica) y un número variable de sonidos armónicos (al menos tres más).

En el área andina se han interpretado trompetas de caracol (o de cerámica, pero imitando la estructura de una concha marina), trompetas rectas cortas (de metal, calabaza, hueso, madera o cerámica), trompetas curvas cortas hechas de los anteriores materiales y de cuerno o fibras vegetales (con y sin boquillas), y, finalmente, los “clarines” o trompetas largas, elaboradas a base de un conducto de caña, metal o plástico —que puede llegar a los 4-5 mts. de longitud— provisto de un pabellón de asta, cuero seco, calabaza o metal.


Artículo. "Pututus, quepas y bocinas. Bramidos a lo largo de los Andes", por Edgardo Civallero. En Culturas Populares, 6 (ene.-jun- 2008).
Artículo. "Trompetas". Capítulo del libro "Música en la piedra", por José Pérez de Arce. En Museo Chileno de Arte Precolombino.
Artículo. "Trompetas prehispánicas". Capítulo del libro "La música precolombina", por Luis Antonio Escobar. En Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango. Parte 1 y parte 2.


Los ejemplos más tempranos de trompetas naturales andinas fueron instrumentos confeccionados a partir de conchas de grandes gasterópodos del género Strombus, las cuales tenían un enorme valor religioso y ceremonial. Se han recuperado ejemplares en sitios arqueológicos de las culturas Muisca (Chibcha), Calima, Nariño, Quimbaya, Pasto y Quillacinga de Colombia, así como en emplazamientos de la cultura Valdivia de Ecuador y de las culturas Chavín, Moche y Nazca de Perú. Los chaski o correos incaicos avisaban de su presencia mediante caracolas, tal y como muestra una de las ilustraciones de la "Nueva Corónica y Buen Gobierno" de Guaman Poma de Ayala. Con la llegada de las primeras recuas de toros y vacas a tierras americanas, el uso de las caracolas fue desplazado por el de las astas vacunas. A pesar de todo, su empleo aún es notorio en Perú y en algunas zonas de Ecuador. La bocina de caracola —también llamada pututu, pututo, chulo-phusaña, chulu p'usaña, huayllaquepa, wayllaqhepa, churu, chulu, chulo, quipa, quepa o qhepa, entre otras denominaciones— puede escucharse todavía en los departamentos Amazonas, San Martín, Puno y Cusco (Perú). En el último, concretamente en las localidades de Cusco y Pisac, los actuales varayuq (en quechua, "los que portan la vara", alcaldes comunitarios) se anuncian por medio de huayllaquepas.


Artículo. "Huayllaquepa, el sonido del mar en la tierra", por Mónica Gudemos. En Revista Española de Antropología Americana, 31 (2001), pp. 97-130.
Artículo. "Pututo, trompeta de caracol prehispánica", en Cantera de sonidos.


Imagen 01. Caracola 01 (Chavín).
Imagen 02. Caracola 02.
Imagen 03. Caracola 03.
Imagen 04. Caracola 04.
Imagen 05. Ilustración de un chaski de Guaman Poma de Ayala.


Lejos de limitarse al uso de bocinas de caracol, las culturas andinas crearon otros formatos de trompetas naturales, usándolas tanto en contextos ceremoniales como populares. Destacan las largas trompetas de oro de la ya mencionada cultura Chavín, así como las de la cultura colombiana Quimbaya, y las de cobre de las culturas Chimú y Moche. Las realizadas en cerámica fueron muy numerosas. Existen testimonios arqueológicos pertenecientes, por ejemplo, a la cultura Pucara peruana, o a las del noroeste argentino, que crearon aerófonos con formas similares a pipas. Pero por su belleza, destacan las producidas por los hábiles artesanos Moche. Sus trompetas rectas y curvas y sus imitaciones de bocinas de caracol en arcilla son espléndidas obras de arte, aunque también las hay zoomorfas (asumiendo el perfil de un jaguar o una serpiente) e incluso antropomorfas. Además, los artistas Moche incluyeron estos aerófonos en muchas de las imágenes que decoraban la superficie de sus vasijas, e incluso en las figurillas que, con una naturalidad increíble, representaban a distintos personajes de su sociedad.


Imagen 06. Trompeta de cerámica Moche 01.
Imagen 07. Trompeta de cerámica Moche 02.
Imagen 08. Trompeta de cerámica Pucara.
Imagen 09. Trompeta de oro Quimbaya.


También se empleó madera para construir trompetas, tanto entre los Moche como en la cultura peruana Huari y entre los propios Incas. Los húmeros y tibias de los camélidos andinos fueron usados igualmente para confeccionar estos aerófonos: la cultura San Pedro de Atacama (norte de Chile) construyó trompetas y “bocinas” rectas hechas de varios fragmentos de madera o hueso con un pabellón agregado en uno de sus extremos.


Cuernos

La variedad actual de trompetas naturales andinas abarca desde el simple cuerno perforado lateralmente o con el pitón cortado, hasta los largos “clarines”, pasando por las “bocinas” hechas de dos piezas: boquilla de caña o madera y cuerpo de materiales tan variopintos como la calabaza, la hojalata o el asta (una o varias, unidas entre sí).

Los Chipaya del altiplano boliviano usan un cuerno de vaca, el doti, para coordinar la interpretación de las tarkeadas. El sonido monofónico del doti también es utilizado para marcar el inicio de ceremonias comunitarias tradicionales, como la Wilancha. Por su parte, los Lickan Antay de Atacama (norte de Chile) aún emplean el "cuerno" o pututo, también llamado putú. Suele aparecer en las pocas ceremonias comunitarias Atacameñas que han sobrevivido: el cauzúlor —trabajo comunitario de limpieza de canales de riego agrícola— y el talátur u obtención de aguas para fertilizar la tierra. Los Mapuche (Patagonia argentina y chilena) usan asimismo una bocina de cuerno a la que llaman kullkull, cull-cull, kul küll o cungcull, realizadas, antes de la llegada hispana, con helechos u otras fibras vegetales enrolladas.


Imagen 10. Kullkull Mapuche.
Imagen 11. Intérprete de kullkull.


En la escala de complejidad, a estos sencillos instrumentos siguen los pututus, bocinas de cuerno, calabaza, metal u otro material que cuentan con una embocadura de caña o madera que puede alcanzar los 40 cms. de longitud.

En el área de habla quechua de Bolivia se los conoce como waqra, wajra o huajra (en quechua, "asta de buey"): una caña sokhosa abierta por ambos extremos, en uno de los cuales se introduce un pabellón de resonancia que puede estar formado por uno o varios cuernos unidos. Los elementos se aseguran con tiras de cuero crudo, y todas las rajaduras y escapes de aire se sellan con mapha (cera de abeja). El wajra acompaña a las tropas de sikuris de Italaque, acentuando los tiempos fuertes de las sikureadas, juntamente con los bombos wank'ara y señalando, además, los cambios de velocidad de cada canción. Acompañan asimismo a otras tropas tradicionales de instrumentos de viento (sikus, pinkillos, quenas, tarkas), cumpliendo funciones de señalización y ritmo dentro del conjunto.


Imagen 12. Intérprete de pututu de metal.
Imagen 13. Intérprete de wajra.


En Perú se emplea el wajra phuku (huajra puco, huaccra pucu, huacla, huacra-puco, huagra corneta, huajkra pukuna, wagra, corneta de cacho), pututus que llegan a incluir hasta 15 cuernos ensamblados en tres vueltas en espiral. Las piezas se unen con clavos de metal o tacos de madera, se aseguran con tiras de cuero crudo (qara q’aytu) y se sellan con mapha o con brea. Son interpretados en los departamentos de Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Huanuco, Junín, Lima y Pasco. En Huanca, los cuernos son sustituidos por un caparazón de kirkinchu o quirquincho (armadillo), mientras que en Ayacucho prefieren un pabellón de cuero seco de res.


Imagen 14. Wajra phuku 01.
Imagen 15. Wajra phuku 02.
Imagen 16. Wajra phuku 03.


En Ecuador se emplea la bocina, una trompeta elaborada al revés de las citadas hasta aquí: en este caso la boquilla está formada por varias astas engarzadas, y el pabellón se elabora con una larga y enorme caña guadúa. Estos materiales pueden variar, y con ellos el nombre del instrumento. El anterior es conocido como bocina turú; también existen la bocina de tunda (hecha de la caña homónima), la bocina de churo, la bocina sigsaco, etc.


Imagen 17. Intérprete de bocina ecuatoriana.
Imágenes de bocina ecuatoriana.


Erque

Por último, entre las trompetas largas destacan el clarín de Cajamarca, la caña chapaca (Tarija, sur de Bolivia), el erque o corneta argentino, el tira-tira de Potosí (Bolivia), y la trutruka y el ñolkin de los Mapuche de la Patagonia. Los tres primeros se interpretan soplando a través de un orificio lateral, mientras que los demás se ejecutan frontalmente. Todos ellos consisten en largos tubos (de caña, plástico o metal) terminados en un pabellón de distintos materiales. Por lo general se emplean en contextos religiosos o ceremoniales, además de en ámbitos festivos.


Imagen 18. Intérprete de clarín de Cajamarca 01.
Imagen 19. Intérpretes de clarín de Cajamarca.
Imagen 20. Intérprete de clarín de Cajamarca 02.


Imagen A, B y C: Edgardo Civallero


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