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    Tierra de vientos > Tradiciones > Leyenda | Número 07 (Sep.-Oct. 2011)
    Por Edgardo Civallero

Kai kai filu


(Una leyenda Mapuche)

Cuenta la historia que antes de que el hombre blanco llegara a la tierra de las araucarias y lo matara, Dios vivía en las alturas junto a su mujer y sus hijos, desde donde reinaba sobre el cielo y la tierra. Al igual que Dios podía recibir distintos nombres como eran Chaw (padre), Antü (sol) o Ngenechen (creador del mundo), también su esposa era conocida como Kushe (vieja/sabia), Ñuke (madre) o Kuyen (luna).

Dios había creado el cielo y la tierra. Sembró el cielo de nubes y estrellas, mientras que en la tierra alojó a los animales y a los hombres, esculpió montañas que cubrió de bosques y trazó valles por los que hizo discurrir los ríos hasta las grandes praderas. Desde el cielo vigilaba e iluminaba la tierra y cuando él descansaba su esposa velaba el sueño de las criaturas que la habitaban.

Con el tiempo, sus dos hijos mayores también quisieron crear cosas y gobernarlas y comenzaron a ambicionar el puesto de su padre. Sus ansias de poder los movieron a intentar descender hasta la tierra, pero antes de que lo lograran su padre, enojado, les agarró a ambos del pelo y los arrojó él mismo contra las montañas. Al caer, los cuerpos de los dos gigantes abrieron sendos agujeros en la roca. Kushe los rellenó con sus lágrimas convirtiéndolos en los lagos Lácar y Lolog, en cuyas aguas brillantes y profundas quedó reflejado su rostro.

Conmovido por la pena de su esposa, Antü decidió devolver la vida a sus hijos en forma de una enorme culebra alada, Kai kai filu, que desde ese momento recorrería los mares, lagos y ríos agitando y desbordando sus aguas y haciendo temblar las entrañas de la tierra. El odio que Kai kai filu albergaba hacia Dios y los hombres no dejaba de crecer. Chaw decidió entonces modelar con arcilla un nuevo ser, Tren tren, la culebra buena, que pudiera defender a los hombres de la furia de Kai kai filu, avisándoles para que buscasen refugio cuanto ésta comenzase a azotar las aguas o a sacudir la tierra.

Luego de esto, Dios quiso bajar a la tierra y, confundiéndose entre los hombres, fue enseñándoles a seleccionar las semillas, cómo y qué momento plantarlas, cuándo cosechar sus frutos y cómo conservarlos. También les mostró cómo cuidar de los animales y les regaló el fuego. A partir de ese momento los hombres le dieron un nuevo nombre, Küme Huenu (lo bueno del cielo).

Dios regresó al cielo y a medida que transcurría el tiempo los hombres fueron olvidando muchas de sus enseñanzas y se enfrentaron unos con otros. Chaw observó con disgusto todo lo que acontecía y lleno de ira recurrió a Kai kai filu para dar una lección a los hombres. Enseguida empezaron a desbordarse las aguas y a tambalearse los cerros. Tren tren acudió a avisar a los hombres del peligro que corrían y éstos huyeron hacia la cima de la montaña, desde donde unos rodaron hasta el fondo de las aguas del lago y donde otros fueron alcanzados por los rayos que enviaba Dios. Escondidos en una grieta, solo un niño y una niña lograron sobrevivir, siendo amamantados por una zorra y una puma, y alimentándose después con los yokones (papas silvestres) de las alturas.

De ellos descienden los Mapuches.

Cuando las aguas se retiraron, Kuyen se escondió detrás de las nubes, las cosechas se marchitaron, se multiplicaron las enfermedades y se rompieron muchos lazos familiares. Por eso se dice que Dios debió morir un poco cuando lo hicieron sus criaturas.

Luego llegó el hombre el blanco y acabó definitivamente con él.


Artículo. “Una historia Mapuche: la serpiente Tren tren y el diluvio”, en Temakel.com.
Artículo. “Tren-Tren y Kai-Kai Filu”, en Escaner Cultural.
Artículo. “Txeg txeg ka kay kay filu”.


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