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Tierra de vientos > Tradiciones > Leyenda | Número 06 (Jul.-Ago. 2011)
Por Edgardo Civallero

El Dorado

Leyenda andina El Dorado
Si alguna vez existió una leyenda famosa en las Américas, una que condujo a los conquistadores españoles (y a los que siguieron sus pasos y sus narraciones) a las más arriesgadas aventuras, e incluso a la locura y la muerte, fue la de El Dorado. De acuerdo a las primeras crónicas coloniales, el mito se habría originado a partir de un ritual realizado por un jefe tribal del pueblo Muisca (o Chibcha), el cual, como ceremonia de iniciación o de coronación, cubría su cuerpo con polvo de oro y se hundía en las aguas de la laguna de Guatavita, en el altiplano colombiano, cerca de la actual Bogotá. La narración original de la leyenda se encuentra en la controvertida crónica titulada “Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del Mar Océano” (más conocida como “El Carnero”), escrita por Juan Rodríguez Freyle en 1636.
En 1638, Juan Rodríguez Troxell escribió el siguiente relato en una carta a su amigo Don Juan, cacique de Guatavita:
En aquella laguna de Guatavita se hacía una gran balsa de juncos, y aderezábanla lo más vistoso que podían… A este tiempo estaba toda la laguna coronada de indios y encendida por toda la circunferencia, los indios e indias todos coronados de oro, plumas y chagualas… Desnudaban al heredero (...) y lo untaban con una liga pegajosa, y rociaban todo con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de ese metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la barca cuatro caciques, los más principales, aderezados de plumería, coronas, brazaletes, chagualas y orejeras de oro, y también desnudos… Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas que llevaba a los pies en medio de la laguna, seguíanse luego los demás caciques que le acompañaban. Concluida la ceremonia batían las banderas... Y partiendo la balsa a la tierra comenzaban la grita... Con corros de bailes y danzas a su modo. Con la cual ceremonia quedaba reconocido el nuevo electo por señor y príncipe.
El mito de El Dorado comenzó a circular de boca en boca apenas los españoles desembarcaron en Colombia, seguramente debido a respuestas obtenidas de los indígenas cuando se les preguntaba por oro (probablemente medias verdades mal entendidas, o entendidas a conveniencia). Las historias de los rituales Muiscas comentadas por los interlocutores nativos se difundieron, agrandándose, y así nacieron relatos que hablaban de “El Hombre Dorado”, “El Indio Dorado” o “El Rey Dorado”. La febril imaginación de los conquistadores logró que el mito se transformara: de un solo “hombre de oro” pasó a hablarse de una “ciudad dorada”, luego un “reino dorado” y más tarde un “imperio dorado”.
En 1531, un teniente de Diego de Ordaz, de apellido Martínez, afirmó haber sido rescatado de un naufragio y haber conocido a “El Dorado” en persona.
En 1536, Gonzalo Jiménez de Quesada (apodado “el gobernador de El Dorado”) partió desde Santa Marta, al norte de Colombia, con la intención de buscar el mítico reino. Tras una travesía infernal, tomó contacto con el pueblo Muisca y se hizo con el control de su territorio, fundando la actual Santa Fé de Bogotá. Hacia la misma época, Sebastián de Belalcázar buscaba “El Dorado” por el valle del Cauca y el alemán Nicolás Federmann hacía lo propio en los llanos que se extienden entre Colombia y Venezuela.
En 1540, Gonzalo Pizarro, hermanastro del conquistador de Perú Francisco Pizarro, fue nombrado gobernador de la provincia de Quito. En 1541 encabezó una expedición, junto a su sobrino Fransciso de Orellana, para dar con unas tierras ricas en oro que se ceñían a la descripción de “El Dorado”. Tras explorar el río Napo, Pizarro dio la vuelta, no sin antes encargar a Orellana que siguiera hacia el este. El explorador y conquistador español descubrió así el río Amazonas, que navegó hasta su desembocadura en el océano Atlántico.
En 1541, el aventurero alemán Philipp von Hutten (Felipe de Utre) encabezó una expedición que, partiendo de Venezuela, intentó dar con el “reino dorado” en territorio Omagua, en la región amazónica. Ya lo había intentado seis años antes con un compañero, Georg von Speyer. Finalmente, Sir Walter Raleigh intentó dar con la mítica ciudad remontando el Orinoco en 1595, y aseguró haberla encontrado a orillas del lago Parime, en la Guayana. De hecho, la villa estuvo mucho tiempo señalada en los mapas ingleses hasta que Alexander von Humboldt demostró la falacia durante sus viajes (1799-1804).
En la actualidad, se sabe que existían varias lagunas en las cuales se realizaban los rituales del “rey dorado”: prueba de ello son los tesoros (recuperados en ellas) que se exhiben hoy en el Museo del Oro de Bogotá, entre ellos la balsa Muisca de Pasca (departamento de Cundinamarca), representando precisamente el rito que dio origen a la leyenda.

Imagen.

El Dorado, en Wikipedia.
El Carnero, en Wikipedia.
La leyenda del Dorado, en Apocatastasis.
La leyenda de El Dorado, en Sobre Leyendas.
Leyenda de El Dorado, en Toda Colombia.

Foto 01. Balsa de Pasca.