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Tierra de vientos > Tradiciones > Traje | Número 05 (May.-Jun. 2011)
Por Edgardo Civallero

Los danzaq

Los danzaq
Se trata de los intérpretes de la danza de las tijeras, una expresión artística peruana con fuertes componentes mágico-religiosos, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010.
De acuerdo a académicos como Lucy Núñez Rebaza o Antonio Villegas Falcón, el baile tiene un origen inmemorial: probablemente surgiera en la sociedad incaica de la mano de los tusuq laykas o hechiceros bailarines. En la época colonial, los misioneros vincularon esas expresiones con actividades demoníacas (de hecho, llamaron a los danzarines supaypa wawan, “hijos del Diablo”), y las prohibieron. Fue entonces cuando se desarrolló el complejo movimiento de resistencia cultural denominado “taqui ongoy” (del quechua taki unquy, “la enfermedad del canto” o “canto de sufrimiento”, dependiendo del traductor), que abarcó entre 1564 y 1572. Una de sus principales características, según las descripciones del “extirpador de idolatrías” Cristóbal de Albornoz, fueron las danzas: durante ellas, los hombres entraban en éxtasis. A pesar de arrasar los templos y sitios sagrados locales, los religiosos no lograron erradicar las antiguas creencias ni las danzas, que siguieron siendo consideradas “pactos con el diablo”. Los bailarines se refugiaron en las alturas más inaccesibles de los Andes, y, con el paso del tiempo, las autoridades permitieron su regreso a la sociedad, aunque sus prácticas debían limitarse únicamente a interpretaciones en fiestas católicas.
En contextos tradicionales (campesinos), los bailarines son llamados de diversas maneras: en Ayacucho se denominan danzaq (en quechua, “los que danzan”); en Huancavelica, supaypa wasin tusuq (en quechua, “los que bailan en la casa del Diablo”) o simplemente tusuq (en quechua, “danzante”); y en Apurímac, “galas”. José María Arguedas popularizó el baile (en varias novelas, pero sobre todo en el cuento “La agonía de Rasu Ñiti”) llamándola “danza de las tijeras”. El nombre deriva de la semejanza que tienen los hierros que llevan los danzantes en sus manos con las antiguas tijeras de esquilar. Curiosamente, muchos bailarines emplean hoy tijeras reales.
Originaria del departamento de Ayacucho, se extendió a los de Apurímac, Huancavelica y a la parte norte del de Arequipa. Durante los conflictos socio-políticos en la Sierra (años 80’), la danza de las tijeras llegó al departamento de Lima, en donde se refugiaron los últimos exponentes de esa expresión. En la actualidad, su presencia es notoria en las festividades patronales y rituales a deidades tutelares: ejemplos son la Fiesta del Agua en Puquío, las ceremonias a Santiago o Illapa, y la Navidad y la Bajada de Reyes. Su enseñanza es oral, transmitiéndose de generación en generación.
El marco musical para la danza es provisto, hoy en día, por arpa y violín. Sin embargo, en la antigüedad se acompañaba con el pinkullu (pinkillo), la tinya (tamboril), el rawraku o rawrara (trompeta), el qawqa (arco musical) y la saqsaqa (sonajero de calabaza).
El baile incluye complejas figuras difíciles de realizar, que para algunos representarían a los wamani o espíritus sagrados (Pachamama, seres del Hanaqpacha o mundo superior y del Ukhupacha o inframundo) y, para otros, simples representaciones pastoriles. Tiene muchas variantes, aunque la más conocida (y apreciada) es la competición (atipanakuy) entre dos danzantes, para ver quien realiza las acrobacias más duras. La danza recoge influencias hispanas coloniales (jota, contradanza, minué) y respeta una serie de etapas, como la bendición de las ropas (rito de pachasiray) y de las tijeras, y el pasacalle.
La vestimenta del danzaq es una obra de arte en sí misma. Pesa unos 15 kilos en total, lo cual convierte el baile en todo un reto físico. En la cabeza llevan un pañuelo rojo (uma watana) y, sobre él, una montera: un enorme sombrero de 5 kilos decorado con numerosos espejos y cintas, y lleva bordado el nombre del artista. El gorro lleva una cola (chupa) que se amarra al cuerpo con una cuerda. Sobre el torso llevan una chaqueta con bullamangas y, sobre él, un ponchillo tremendamente adornado con borlas y bordados dorados y plateados. Las manos van cubiertas de guantes y en ellas, las dos tijeras con las cuales llevan el ritmo. En realidad, cada una de esas “tijeras” son dos láminas metálicas separadas e independientes, de 25 cms. de largo, que pesan 700 grs. en total.
Llevan una faja chumpi de lana colorida que ciñe la cintura, y un pantalón wara con flecos o “rapacillos” y bullas. Lo cubre un tapabajos chankalli. Finalizan el atuendo unas medias y unas sandalias de cuero siq’oy sirayca.
Toda la danza de las tijeras está rodeada de tradiciones. Las tijeras se ofrendan a los auki (espíritus ancestrales) y se afinan en agua de manantial sagrado: de allí, según se dice, toman su sonido brillante. Todas las prendas tienen un significado ceremonial y una relación específica con los wamani.

Imagen.

Danza de las tijeras, en Wikipedia.
El niño danzaq.
Danza de las tijeras, en Wiki Sumaq Perú.
La danza de las tijeras, en Danzas folklóricas.
Taki onqoy, en Wikipedia.

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