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Tierra de vientos > Tradiciones > Leyenda | Número 04 (Mar.-Abr. 2011)
Por Sara Plaza

Coquena

Coquena
Deidad diaguita-calchaquí protectora de las vicuñas, llamas y guanacos. Se lo describe como un hombre pequeño, lampiño y con rasgos indígenas, que viste pantalón de barracán, camisa de lienzo, ojotas y poncho de vicuña. Se cubre la cabeza con un sombrero ovejón (hecho de lana, con una tela muy primitiva moldeada en el mortero) o con un simple ch'ullu o gorra indígena. A veces se aparece también con la forma de un guanaco. Camina ligero y no deja rastros. Anda silbando por los cerros y masca coca continuamente. Oculto a la mirada de los hombres, vigila con celo su ganado. Cuando se ve moverse a lo lejos las tropas de camélidos sin que pastor alguno las conduzca, es que Coquena las arrea hacia sitios de mejor pasto.
Es raro encontrarse con Coquena, pero si esto ocurre, se lo toma por un presagio nefasto. Tal visión no dura más que un instante, porque de inmediato se transforma en un espíritu.
Se enoja mucho cuando se cazan vicuñas con armas de fuego, y castiga duramente a los que hacen esto, pero también sabe conceder bienes. Se enoja asimismo con los arrieros que cargan demasiado a sus llamas. A los buenos pastores, en cambio, los premia con monedas de oro.
Coquena es además dueño de las minas de oro y plata, así como de los tesoros escondidos en la región, a los que defiende también con celo. Antes se decía que de noche llevaba rebaños cargados de oro y plata, extraídos de distintas minas cordilleranas, hacia el Sumaq Urqu de Potosí, para que no se agotaran sus legendarias riquezas. Los bagajes iban atados con víboras a guisa de cuerdas.
Para Fortuny, el mito de Coquena vendría a confundirse con el del Llastay, aunque más circunscrito a Salta y Jujuy, área donde mantiene una gran vigencia.

Tomado de “Coquena (El)”. En Colombres, Adolfo. Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina. Buenos Aires: Ediciones Del Sol, 1999.

La leyenda del Coquena
Poema de Juan Carlos Dávalos

Cazando vicuñas anduve en los cerros.
Heridas de bala se escaparon dos.
-No caces vicuñas con arma de fuego,
Coquena se enoja - me dijo un pastor.

- ¿Por qué no pillarlas a la usanza vieja,
cercando la hoyada con hilo punzó?
¿Para qué matarlas, si sólo codicias
para tus vestidos el fino vellón?

-No caces vicuñas con arma de fuego,
Coquena las venga, te lo digo yo.
¿No viste en las mansas pupilas oscuras
brillar la serena mirada del dios?

-¿Tú viste a Coquena?
-Yo nunca lo vide,
pero sí mi agüelo - repuso el pastor;
-una vez oíle silbar solamente,
y en unos tolares, como a la oración.

Coquena es enano; de vicuña lleva
sombrero, escarpines, casaca y calzón;
gasta diminutas ojotas de duende,
y diz que es de cholo la cara del dios.

De todo ganado que pace en los cerros,
Coquena es oculto, celoso pastor;
si ves a lo lejos moverse las tropas,
es porque invisible las arrea el dios.

Y es él quien se roba de noche las llamas
cuando con exceso las carga el patrón.
En unos sayales, encima del cerro,
guardando sus cabras andaba el pastor;
zumbaba en los iros el gárrulo viento,
rajaba las piedras la fuerza del sol.

De allende las cumbres de nieves eternas,
venir los nublados miraba el pastor;
después la neblina cubrió todo el valle,
subió por las faldas y el cerro tapó...

Huyó por los filos el hato disperso,
y a gritos, en vano, lo llama el pastor.
La noche le toma sentado en cuclillas,
y un sueño profundo sus ojos cerró.

Cuando el alba tiñe - limpiando los cielos-
de rosa las abras, despierta el pastor.
Junto a él, a trueque del hato perdido,
Coquena, de oro le puso un zurrón.

No más en los cerros guardando sus cabras,
las gentes del valle vieron al pastor;
Coquena dispuso que fuese muy rico.
Tal premia a los buenos pastores el dios.

Imagen.

Coquena, en Wikipedia.
Leyenda de Coquena, en Jujuy en letras.
Coquena, en Diccionario de Mitos y Leyendas.