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Historia de la música andina ecuatoriana
Tierra de vientos > Música > Historia | Número 03 (Ene.-Feb. 2011)
Por Edgardo Civallero

Historia de la música andina ecuatoriana
Música ecuatoriana: los inicios

La presencia de instrumentos musicales en Ecuador se remonta al denominado “periodo precerámico”. De esa época se han hallado restos como la bocina de caracola depositada junto a los famosos “Amantes de Sumpa” (cultura Las Vegas, 8.000-5.000 a.C.). Durante la siguiente etapa histórica, el “periodo formativo”, abundaron los silbatos cerámicos antropomorfos y zoomorfos en culturas como la Valdivia (3.500-1.800 a.C.). Los caracoles del género Strombus se hallaron en la cultura Cerro Narrío (2.000 a.C.-600 d.C.), y la cultura Machalilla (1.500-800 a.C.) legó flautas de hueso con cinco perforaciones. Por su parte, la cultura Chorrera (900-300 a.C.) elaboró un amplio abanico de instrumentos, que incluía vasijas-silbato, sonajeros, trompetas, silbatos zoomorfos, flautas verticales parecidas a las actuales quenas, ocarinas y tambores cerámicos.
Durante el “periodo de desarrollos regionales”, la cultura Bahía (500 a.C.-650 d.C.) produjo maracas de cerámica, litófonos y figurillas-silbato. La cultura La Tolita (600 a.C.-400 d.C.) dejó ocarinas y silbatos antropomorfos y zoomorfos, y en la península de Santa Elena, la cultura Guangala (100 a.C.-800 d.C.) fabricó litófonos de basalto, trompetas de caracola, flautas verticales de hueso, sonajeros, pequeñas flautas de Pan y ocarinas. Pero quizás los restos más interesantes son los de los Jama-Coaque (350 a.C.-1532 d.C.), quienes elaboraron tanto instrumentos (flautas de hueso, rondadores de piedra, ocarinas de un solo orificio, maracas de cerámica y calabaza) como figurillas de arcilla representando músicos ricamente vestidos, que interpretan zampoñas, flautas, tambores y sonajeros.
A lo largo del llamado “periodo de integración” (hacia el 1.000 d.C.), los señoríos Caranquis, Cayambes, Otavalos, Niguas, Yumbos, Quitos y Cañaris ejecutaron silbatos de hueso, cascabeles metálicos, flautas verticales y de Pan. Así lo demuestra, por ejemplo, el ajuar funerario descubierto en la tumba de Sigsig (cultura Cañari). Los Cuasmal usaron flautas traveseras, caracolas con orificios de digitación, ocarinas y trompetas, y los Chilibulo (500-600 d.C.) crearon además sonajas de cobre y flautas de huesos humanos y de llama.

Cultura Valdivia, en Wikipedia.
Cultura Machalilla, en Wikipedia.
Cultura Chorrera, en Wikipedia.
Cultura Tumaco-La Tolita, en Wikipedia.
Cultura Guangala, en Wikipedia.


La dominación incaica del actual territorio ecuatoriano (que quedó incluido en el Chinchaysuyu, provincia septentrional del Tawantinsuyu) hizo que músicos cañaris, quitus y wanakuntas (entre muchos otros pobladores trasladados a la fuerza por el sistema político del Inqa) fueran desplazados y ubicados en el actual territorio peruano, y que similares grupos incas (sobre todo gente de etnia Quechua y Aymara) fueran asentados en Ecuador. De ese modo se facilitó, de manera involuntaria, el intercambio de sonidos y ritmos. En esa época se difunden en la sierra ecuatoriana estilos propios del Tawantinsuyu: el arawi (cantos con letras poéticas intimistas), el wawaki o wawki (diálogos cantados), la qhashwa (cantos de alegría), el taki, el wayñu y el haylli. Todos ellos convivieron con las formas musicales propias de la región, como las antiguas variantes del moderno danzante y del yumbo.
La conquista hispana (iniciada en 1534) desarraigó los sonidos indígenas, introduciendo a la vez los estilos musicales barrocos europeos, el uso de la lengua castellana en las letras y el empleo de un buen número de instrumentos hasta entonces desconocidos en América, y que tendrían un rol protagónico en el repertorio mestizo, como la vihuela (antecesora de la guitarra), el arpa, el violín y el laúd. A pesar de las duras presiones y prohibiciones sufridas por la música nativa, ésta se mantuvo viva en sus comunidades de origen. De la lenta y progresiva fusión de ambas culturas resultaría la música mestiza (con un fuerte componente indígena) y, mucho más tarde, la criolla (adaptaciones americanas de música europea, con escasas influencias nativas).
Dentro de la corriente mestiza se llevaron a cabo arreglos de ritmos prehispánicos, que darían lugar al actual danzante, el yaraví (derivado del arawi), el jaway (derivado del haylli) y el yumbo. La unión de los aires andinos con danzas hispanas como el fandango y la zamacueca originarían los populares albazos y las capishcas de la región de Cuenca. De similares fusiones nacerían el carnaval, el alza, el pasacalle, la tonada y los cachullapis (también llamados rondeñas o chilenas). Y se perpetuaría el sanjuanito (o sanjuan) de la zona de Imbabura, otra adaptación de un patrón andino a las corrientes hispanas que se convertiría en el ritmo nacional ecuatoriano por excelencia.
Entre los campesinos de la costa, la música mestiza asumiría formas particulares que compondrían el repertorio hoy llamado “montubio” (p.e. los amorfinos). Algunos núcleos de esclavos africanos conservarían su identidad propia, y generarían el acervo afro-ecuatoriano aún vivo en la región de Esmeraldas y en el valle de Chota. Allí se continúan utilizando particulares instrumentos de percusión (la marimba, los bombos, los cununus, los guazás y las maracas) para interpretar ritmos como la conocida bomba. Esos elementos terminarían interactuando con la música andina, enriqueciéndose mutuamente.

Cultura de Ecuador, en Wikipedia.
Sanjuanito, en Wikipedia.
Yaraví, en Wikipedia.
Albazo, en Wikipedia.
Bomba del Chota, en Wikipedia.


En las primeras décadas del siglo XIX, durante las guerras independentistas de la Gran Colombia (Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá), apareció un ritmo verdaderamente criollo, que combinaba el vals europeo y el bolero: el pasillo. Con el paso del tiempo se volvería el más apreciado por la población de esa extensa región. Y llegaría a la actualidad con decenas de variedades y con su popularidad prácticamente intacta.

Pasillo, en Wikipedia.

A principios del siglo XX Ecuador comenzó a abrir su música al mundo con la puesta en marcha de la fonografía en 1912 y la radiodifusión en 1925. En aquella especie de presentación destacaron compositores como Luis Humberto Salgado, quien transformó aires típicos como los sanjuanitos en sonatas de corte clásico. Pero poco más hubo, pues el pasillo mantenía su férreo dominio. En el dueto Ecuador (Enrique Ibañez y Nicasio Safadi), ese ritmo criollo encontró sus mejores exponentes, y hacia la década de 1940 halló nuevos cultores en las voces de Carlota Jaramillo y Julio Jaramillo Laurido, “El Ruiseñor de América”. En los 50’ se introdujeron boleros, guarachas y cumbias, ritmos “extranjeros” que desplazaron al folklore puramente ecuatoriano. Sin embargo, la actividad en ese campo no cesó: Julián Tucumbi Tigasi y el grupo Los Tucumbi impulsaron la música andina desde 1948, y Carlos Rubira Infante y César Baquero llevaron al apogeo al pasacalle. Por su parte, Rudecindo Inga Vélez hizo lo propio con el llamado “fox incaico”.
En la década de los 70’ hizo su aparición un grupo emblemático de la escena ecuatoriana, Ñanda Mañachi, que recuperó y difundió los sonidos más tradicionales del corazón de los Andes ecuatorianos. Fue también la época en la que se creó el famoso conjunto Los Huayanay, y en ella surgieron los líderes de la Nueva Canción Latinoamericana en Ecuador, como Jatari y Pueblo Nuevo. Los primeros hicieron un fuerte hincapié en el uso de instrumentos indígenas y en la interpretación de sus ritmos, mientras que los segundos se concentraron en lanzar mensajes de fuerte contenido social. Por aquel entonces, el sanjuanito alcanzó una proyección inesperada de la mano de Inti Illimani. El célebre conjunto chileno dejó grabados temas como “Lamento del Indio” (en realidad, “Los arados”), “Amores hallarás”, “Sanjuanito” (en realidad, “Mi chagrita caprichosa”) y “Longuita” (en realidad, “Llullaringui”), así como los albazos “Taita Salasaca” (en realidad, “El Salasaca”) y “Dolencias”. El grupo Wankara de Chile, a fines de esa década, compuso “Yamor”, un sanjuanito que se convirtió en un verdadero himno y fue re-grabado en numerosas ocasiones.
En 1979 nació el grupo Charijayac, que continuó –desde su particular perspectiva- el camino marcado por Ñanda Mañachi, como harían numerosos otros pequeños y grandes grupos ecuatorianos en los años sucesivos. La migración llevaría la música de Ecuador por el mundo. Y se haría tan conocida que el grupo italiano Trencito de los Andes grabaría discos como “Zig zag”, en donde presentaron al público europeo algunas de las tradiciones más desconocidas y ricas de los Andes del Ecuador. Un mundo en el que, a pesar de todo el movimiento modernista que lo rodea, aún se siguen ejecutando flautas y bocinas con la misma pasión y delicadeza que en tiempos antiguos.

Ilustración.
Memoria musical del Ecuador. Blog de Fidel Guerrero Gutiérrez.
Música en Ecuador.
Un resumen de los principales compositores de la música ecuatoriana.
Hacia la redefinición de la música andina.