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Historia de los pueblos andinos
Tierra de vientos > La tierra > Historia | Número 03 (Ene.-Feb. 2011)
Por Edgardo Civallero

Los Andes ecuatorianos prehispánicos

Historia Ecuador prehispánico
La historia del hombre en la Sierra de Ecuador comienza hace 13.000 años, cuando los primeros recolectores y cazadores de megafauna (tigres de dientes de sable, paleo-llamas y mastodontes) se asentaron en sitios como El Inga (cerca de Quito, provincia de Pichincha), la cueva negra de Chobshi o Sigsig (provincia de Azuay) y el páramo de Cubilán (provincia de Loja).

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El Inga, en Museos del Ecuador.
Crónica indiana del Ecuador antiguo. C. Borchart de Moreno, S. Moreno Yáñez.
Historia del Ecuador, en Wikipedia.


Las primeras sociedades agricultoras y alfareras que habitaron los Andes ecuatorianos en el Periodo Formativo fueron las culturas Cotocollao (actual Quito y valles aledaños, y provincias de Cotopaxi, Pichincha y Tungurahua, 1500-500 a.C.), Cerro Narrío (provincias de Cañar y Azuay, 2000 a.C.-600 d.C.) y Catamayo (provincia de Loja, 1700-500 a.C.). Fueron ellas las que iniciaron el cultivo de cereales como el maíz y la quinua, tubérculos como la papa y la oca, y leguminosas como las judías. Crearon y afianzaron las rutas comerciales con los pueblos de la costa (culturas como Valdivia o Chorrera, con quienes intercambiaban pescado y caracolas) y con los de las zonas tropicales del Oriente (de donde obtenían coca, algodón y ají), ofreciendo a su vez productos como la obsidiana, la turquesa, el alabastro y el cuarzo. Además de trabajar la cerámica, hacían buen uso de la materia prima llegada desde el litoral: las conchas de Spondylus y la madreperla eran convertidas en collares, y los Strombus, en bocinas.

Cotocallao (cultura), en Wikipedia.

Durante el Periodo de Desarrollos Regionales, surgieron los cacicazgos de La Chimba (provincia de Imbabura), Cerro Narrío y Catamayo (continuación de las culturas del Periodo Formativo). En realidad, durante este periodo las sociedades más importantes se concentraron en la costa ecuatoriana (Jama-Coaque, La Tolita, Bahía, Guangala, Jambelí). Aún así, Cerro Narrío desarrolló centros ceremoniales y habitacionales, al igual que mercados en donde los artesanos ofrecían sus mercancías (cerámica, cobre, cuarzo, caracolas) y en donde se canalizaban transacciones entre el mar y la selva amazónica. Gracias al comercio, la alimentación se diversificó con productos como las chirimoyas, los camotes y las guabas. Además, en esta época se introdujo el pastoreo de llamas y alpacas, que no sólo sirvieron como fuente de carne, sino como privilegiado medio de transporte y carga de los mercaderes y como suministradoras de lana para una recién nacida industria textil.
A lo largo del Periodo de Integración surgen los señoríos étnicos y las confederaciones. De norte a sur se configuran, en la cordillera andina ecuatoriana, el señorío de los Pastos, la Confederación Caranqui (que incluía a los señoríos Caranquis, Otavalos y Cayambes), el señorío de los Quitos (conocido como cultura Chaupicruz), el de los Panzaleos, los de la hoya de Patate, el señorío Puruhá, el Cañari, el Palta, el Yumbo, el de los Sigchos y Angamarcas y el Chimbo. Estas sociedades aún existían (bajo dominación inca) a la llegada de los españoles, de forma que se conservan sus nombres y características en las primeras crónicas hispanas (p.e. la “Chrónica del Perú” de Pedro Cieza de León, y las numerosas “Relaciones Geográficas de Indias”).
De entre los señoríos andinos, la Confederación Caranqui (provincias de Imbabura y Pichincha) fue la más poderosa. Ocupaba una región que incluía varios pisos ecológicos: páramos, lomadas, valles templados y valles cálidos. De esta forma, su producción agrícola estaba altamente diversificada: cortaban paja para sus techos en los páramos, cosechaban papa, quinua, melloco y oca en regiones más bajas, maíz, judías y chochos en valles templados, y coca, algodón y ají en los valles más cálidos.
Entre sus restos arqueológicos, destacan una serie de montículos (hoy conocidos como “tolas”) que señalan la presencia de un enterramiento, una pirámide o la vivienda de una autoridad. Además, legaron complejos y elaborados sistemas de camellones, terrazas y canales de riego, que demuestran los profundos conocimientos agrícolas que poseían. La cerámica hallada es burda, lo que indica que su producción se descuidó durante este periodo; sin embargo, existen curiosos ejemplos de alfarería Caranqui, como las ollas-zapato y las ollas-trípode.
En las vasijas se representa a los “mindaláes”, los mercaderes que traficaban productos de este a oeste y viceversa con sus caravanas de llamas. Al igual que sus colegas aztecas (los famosos pochtecah), los mindaláes eran mucho más que simples comerciantes: a pedido de sus señores, oficiaban de embajadores e incluso de espías. En esta época, la producción y el intercambio de bienes fue la actividad central de unas sociedades andinas cada vez más jerarquizadas, basadas en la unión de ayllus o linajes.
Fueron los Caranquis los que iniciaron la tradición de llamar al Imbabura “taita” y al Cotacachi “mama”, y de considerar sagrados a los accidentes geográficos más destacados de su geografía: los ojos de agua o pugyios, las cascadas o facchas, los volcanes y cerros, y lagos como el actual San Pablo.
El poder de la Confederación Caranqui fue tan grande que resistió el embate de los ejércitos incas a lo largo de una década. Fue el Inqa Wayna Qhapaq el que, hacia el año 1500, y mediante una serie de tretas engañosas, tomó la fortaleza principal de los Caranquis y masacró a toda su población –excepto a los niños- en las cercanías de la laguna hoy conocida como Yahuarcocha (en quechua, “laguna de sangre”).
Al norte de la Confederación se situaba el señorío de los Pastos, conocidos por sus estatuillas de cerámica que representan hombres mascando coca (“coqueros”), sus mantas de algodón, y los objetos de oro y caracola que han dejado en sus enterramientos. En los flancos occidentales del volcán Pichincha se asentaron los Yumbos, que se convirtieron en los grandes mediadores comerciales entre la costa, la sierra y la selva. En los flancos orientales del volcán -y en toda la meseta de Quito- se hallaba el señorío de los Quitos, grandes cesteros que aprovecharon la totora que crecía en las lagunas de su región...
Toda la variedad étnica y lingüística que poblaba la Sierra ecuatoriana sufrió una fuerte homogeneización tras la conquista incaica, que incorporó esos territorios al Chinchaysuyu, la provincia septentrional de Tawantinsuyu. La conquista de Ecuador comenzó hacia 1463 bajo el liderazgo del noveno Inqa, Pachakutiq. Su hijo, Tupaq Yupanki, derrotó al pueblo Cañari y fundó la ciudad de Tomebamba, actual Cuenca. Sería su sucesor, Wayna Qhapaq, el que completara la conquista derrotando a los Caranquis, Quitos y Pastos.

Ingapirca
La influencia inca se limitó a medio siglo, o a menos en algunos sitios determinados. La propiedad de la tierra, las estructuras sociales, la lengua y la producción agrícola cambiaron drásticamente, aunque aspectos como la religión de los conquistados permanecieron inmutables. La caída del inka Atahuallpa –nacido en actual territorio ecuatoriano- a manos de los castellanos de Francisco Pizarro puso el punto final a la historia prehispánica de Ecuador. Una historia de la que aún quedan muchos ejemplos vivos.

Imagen.
Historia del Reino de Quito, en Biblioteca Digital Ayacucho.
Piezas arqueológicas selectas del Museo del Banco Central del Ecuador.