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Grupo clásico música andina
Tierra de vientos > Intérpretes > Grupo clásico | Número 03 (Ene.-Feb. 2011)
Por Edgardo Civallero

Jatari
Jatari

El material sobre el emblemático conjunto Jatari (en quichua, “¡Levántate!”) es escaso. Así se presentaba el grupo en su disco “El grito de libertad” (1976):
Hacia la mitad de la década del sesenta, el movimiento cultural conocido por el nombre de “La Nueva Canción” se esparcía por toda Latinoamérica, forjado por Víctor Jara, Violeta Parra y sus hijos Ángel e Isabel, el conjunto Quilapayún en Chile; por Daniel Viglietti en Uruguay; por el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC en Cuba y por Judith Reyes y otros en México. En Ecuador, fue el conjunto Jatari el que desde 1971 trató de integrar a su país en esta corriente musical.
El conjunto Jatari nació durante el periodo en el cual Ecuador se convierte de país “bananero” en un importante exportador de petróleo. Coincidiendo con el descubrimiento de este recurso natural, el grupo Jatari comenzó a recuperar los recursos culturales del país. Ellos advirtieron que en un país económicamente dependiente como el Ecuador, el desarrollo de una economía petrolera podía traer aparejada un cultura “petrolera”, que se manifestaría en el desarraigo de ciertos valores culturales tradicionales, imponiendo costumbres ajenas a la sensibilidad y realidad del pueblo ecuatoriano.
Después de haber hecho trabajo de investigación en el Instituto Ecuatoriano de Folklore, el grupo Jatari comenzó a coleccionar material musical indígena. El contacto que el grupo mantenía con trabajadores hizo posible no sólo familiarizarlos con canciones tradicionales, sino que también los impulsó a la creación de nuevas canciones con un fuerte contenido social.
Haciendo frente a la invasión cultural que se había desarrollado tal y como ellos habían previsto, Jatari sirvió de inspiración a nuevos grupos que iban surgiendo de la Escuela de Música Nativa que ellos habían ayudado a formar.
También Jatari organizó los primeros festivales de la canción popular, con presentaciones en gremios, escuelas y vecindarios. Han grabado, con sus propios medios, tres discos que abarcan el trabajo de cuatro años. En estos discos se pueden escuchar muchos de los instrumentos que ellos han ayudado a revitalizar [ocarina, pingullo, dulzaina, bocina].
A través de sus investigaciones y de un viaje hecho para escuchar a otros músicos en Colombia, Perú, Bolivia y Chile, Jatari pudo encontrar una explicación a la forma en que los instrumentos nativos de esos países fueron adaptados o transformados en Ecuador. Estyos instrumentos son los usados por Jatari para demostrar un aspecto de la unidad cultural de toda Latinoamérica [charango, quena, tarka, zampoña, pinkillo, cuatro, tiple, bombo].
El análisis que el grupo Jatari ha hecho de la música ecuatoriana, su relación con el proceso histórico latinoamericano, su contenido ideológico, el compromiso del grupo con el movimiento obrero y otras luchas populares en su tierra, ha hecho madurar su trabajo inmensamente.
Desmembrados en algún momento de los '80, volvieron a constituirse en el 2001. En la formación original participaban Carlos y Patricio Mantilla, Rodrigo Robalino y Ataúlfo Tobar, mientras que actualmente está formado por Patricio Montilla (su director y primera voz), Enrique Sánchez, Marcelo Rodríguez, Héctor Noroña y Javier Hurtado. Su producción total es de 17 LPs, de acuerdo a los datos de la Asociación de Músicos Andinos Populares de Ecuador (AMAPE). Entre ellos se encuentran “Jatari” (1973), “El grito de libertad” (1976), “Canción ecuatoriana” (1977), “Ekuador” (1977), “La flor del café” (1978), “Tiempo adelante” (1981), “Canto vital” (1981) y “La música folklórica de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela” (1981).
Entre sus temas se encuentran recuperaciones etno-musicológicas tan valiosas como “La Venada”, “Ananay”, “Nuca llama”, “Coplas del Carnaval de Ligto” y “Chimbalito”; conocidas canciones del folklore latinoamericano, tales como el taquirari boliviano “Boquita de cereza”, el joropo venezolano “Canto del agua” o la morenada “La mariposa”; aires propiamente altiplánicos, como el jach’a sikuri “Mi raza” (también interpretado, por la misma época, por el grupo chileno Kamak Pacha Inti); verdaderos himnos de la Nueva Canción, como “El aparecido” de Víctor Jara (dedicado al Che Guevara) o la “Canción de cuna para despertar a un negrito” de Nicolás Guillén; y, por supuesto, composiciones propias que lanzan denuncias políticas y sociales al ritmo de tarkeadas, danzantes, albazos, cuecas o bombas del Chota.
Jatari fue uno de los precursores de la recuperación del canto y la música nativa, y de su empleo para denunciar victorias y derrotas sociales. Algo que, en última instancia, siempre fue el cometido del canto popular: exponer y recordar las alegrías y las tristezas de los pueblos.

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