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Tierra de vientos > Instrumentos > Instrumento | Número 03 (Ene.-Feb. 2011)
Por Edgardo Civallero

rondador instrumentos andinos
El rondador

Flauta de Pan originaria de Ecuador, con variedades similares en los Andes colombianos, en donde se la conoce como “capador”. Está compuesta por una hilera de tubos huecos (de carrizo, caña, pluma de cóndor, hueso, plástico, metal o cerámica), abiertos por un solo extremo. Los tubos, cuyo número varía entre la decena y el medio centenar de acuerdo a la dimensión del instrumento, se ordenan de forma escalonada, de acuerdo a su longitud, y se sujetan mediante ataduras de hilo o lana o con la ayuda de tirillas de caña.
La diferencia principal entre el rondador y las demás flautas de Pan andinas de una sola hilera (conocidas genéricamente como “antaras”) es que lleva una serie de tubos auxiliares de menor longitud intercalados entre los tubos principales. Esta característica hace que su silueta sea aserrada, pues alterna tubos largos y cortos en una secuencia que, aunque irregular, mantiene el perfil general de mayor a menor.
La función de esos tubos auxiliares es proporcionar sonidos complementarios a los de los principales. Para lograr tal objetivo es preciso que el intérprete sople simultáneamente un tubo principal y su auxiliar a la derecha o a la izquierda (o, a veces, los tres). De esta forma se interpretan a la vez sonidos separados por intervalos de terceras y cuartas, logrando armonías inimitables por otras flautas de Pan.
Otra característica que los intérpretes tradicionales de rondador dan al instrumento es el uso continuo del “glissando”, es decir, el deslizamiento de la boca a lo largo de varios tubos, soplándolos a todos en una secuencia encadenada. Este efecto, bastante utilizado con otros sikus, encuentra en el rondador su máximo exponente. El resultado final recuerda al sonido de las flautas que emplean los afiladores en Europa y parte de Latinoamérica para anunciar su presencia. Existirían relaciones con dicho elemento, pues los nombres “rondador” y “capador” derivan de los usos originales de estos instrumentos: en Ecuador, era la flauta empleada por los rondadores (individuos que realizaban rondas de vigilancia nocturna) y en Colombia, por las personas que iban de pueblo en pueblo castrando cerdos y otros animales domésticos. Supuestamente, el nombre quichua de la flauta del rondador era wayra-phururu, aunque tal denominación parece haberse perdido.
Su distribución es amplia, desde el selvático oriente (donde se lo denomina “cantas”) hasta la costa, pasando por la cordillera andina (en donde algunos grupos llaman “palla” al rondador pequeño). Entre las costumbres asociadas a su uso se encuentra el “arriscamiento”: el baño de la flauta en chicha o “trago” (aguardiente) para mejorar su sonoridad.
En general son de pequeño tamaño, y sus intérpretes ejecutan a la vez esta flauta y un instrumento de percusión (bombo o chajchas). En este caso, su sonido es agudo y cristalino. Sin embargo, existen variedades de mayor tamaño, que generan tonos graves y sedosos. Es un elemento infaltable en las orquestas campesinas de la Sierra ecuatoriana, y su presencia es prácticamente necesaria en ritmos como el sanjuanito, el albazo y el danzante. Dadas su particular forma de ejecución y la curiosidad que provoca su voz, ha sido un instrumento bastante difundido fuera de sus fronteras de origen. Y han sido varios los solistas de rondador que han ensanchado el repertorio tradicional del instrumento y han difundido su sonido a nivel internacional.

Rondador, en Wikipedia.

Foto 01: Rondador de cañones de plumas de cóndor.
Foto 02: Rondador de plumas de cóndor completas.
Foto 03: Rondador de caña.
Foto 04: Intérprete de rondador.

Video: Diferentes instrumentos ecuatorianos, incluyendo un rondador de plumas de cóndor y uno de caña de 14 tubos.