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Historia de los pueblos andinos
Tierra de vientos > La tierra > Historia | Número 02 (Sep.-Oct. 2010)
Por Edgardo Civallero

Tiahuanaco

Historia Tiahuanaco Tiwanaku
Las imponentes ruinas de Tiahuanaco (Tiwanaku), situadas a 72 kms. al oeste de La Paz, Bolivia, son los restos de un centro administrativo y religioso que, de acuerdo a los arqueólogos, fue la capital de un estado que floreció entre los años 300 y 1000 de nuestra era. Las ruinas en sí son famosas por su arquitectura monumental y megalítica y por sus estelas. Sin embargo, Tiahuanaco no fue el único emplazamiento urbano dentro de ese estado: se cree que los restos descubiertos en Khonkho Wankane, Pajchiri, Lukurmata y Ojje (Bolivia) corresponderían a poblaciones tiahuanacotas.
Se trata de una de las más importantes estructuras sociales, políticas y religiosas que se desarrollaron en el altiplano boliviano. Se cree que su economía estaría basada en la cría y explotación de camélidos andinos (especialmente llamas), en los cultivos capaces de crecer en esa zona del altiplano (particularmente fértil y lluviosa), en el pescado que podía capturarse en el cercano lago Titicaca, y en los bienes metalúrgicos, textiles y cerámicos producidos por sus artesanos. Sus restantes necesidades habrían sido cubiertas a través del comercio con otras poblaciones, cercanas o lejanas: sus rutas mercantiles pueden adivinarse en la actualidad merced a los rastros de vasijas cerámicas y otros elementos que dejaron en todos los Andes meridionales.
Aprovecharon de manera inteligente el agua de lluvia, construyendo una excelente red de estanques y acequias y desarrollando técnicas agrícolas que les permitieron multiplicar las cosechas, técnicas que aún siguen siendo empleadas en la zona (por ejemplo los andenes y los suka kollus o “campos elevados”). Sus ingeniosos sistemas de construcción y planeamiento arquitectónico les permitieron levantar murallas con bloques megalíticos encajados unos en otros a la perfección y sin necesidad de argamasa. Asimismo, su cerámica es de un detallismo asombroso, al igual que los escasos textiles que han sobrevivido el paso de los siglos.
Las momias y los restos óseos recuperados han demostrado que en la sociedad tiahuanacota existía la deformación craneal (probablemente como un rasgo de belleza) y que se realizaban trepanaciones. Por otro lado, los fardos mortuorios que envolvían esos cuerpos incluyen textiles minuciosamente elaborados, tocados y gorros de formas particulares, tupus o prendedores de bronce y cobre, adornos metálicos e instrumentos musicales. Las ofrendas funerarias estaban compuestas de vasijas cerámicas de distintos tipos y calidades, aunque destacan los keros, vasos decorados con motivos típicos de esta cultura, y cuya dispersión en varios puntos distantes de Sudamérica ha ayudado a comprender la influencia que tenía ese estado entre sus vecinos.
La primera descripción escrita de las ruinas de Tiahuanaco aparece en las crónicas del español Pedro Cieza de León, que se topó con ellas en 1549, mientras buscaba la capital del Kollasuyo incaico.

Historia Tiahuanaco Tiwanaku
El conjunto urbano está formado, en la actualidad, por varias construcciones con características propias. La más importante es la pirámide de Akapana, con siete plantas escalonadas y unos 18 metros de altura. Desde su cumbre puede verse el llamado “templete semisubterráneo”, un recinto hundido dos metros en la tierra, sin techo y con paredes de bloques macizos en los cuales están encastradas una serie de “cabezas-clava”, bloques de piedra tallados con rasgos humanos.

Historia Tiahuanaco Tiwanaku
Desde la entrada del “templete” puede admirarse la del Kalasasaya (en aymara, “piedras erguidas”), el principal recinto ceremonial de Tiahuanaco: un cuadrilátero de más de una hectárea limitado por piedras ciclópeas a modo de barras verticales de 4 mts. de alto, entre las cuales se levantan muros de bloques no menos gigantescos.

Historia Tiahuanaco Tiwanaku
En su interior se elevan varios monolitos, entre los cuales destacan “El Fraile” y el “Ponce”. Y en su extremo noroeste se ubica la famosísima “Puerta del Sol”. La efigie que domina el relieve tallado en el dintel tiene en ambas manos dos báculos con cabezas de cóndor, y bajo cada ojo, una línea de tres círculos, como si se tratase de tres lágrimas. Se desconoce el significado del grabado, aunque algunas teorías señalan que podría tratarse de un calendario astronómico.

Historia Tiahuanaco Tiwanaku
Detrás del Kalasasaya, hacia el oeste, se sitúa el Putuni, otro templete en donde se hallan cámaras funerarias. Más allá se encuentra el Lakakollu, un montículo artificial en donde se alza la Puerta de la Luna, más modesta que la del Sol pero de similares características. Y más allá aún está el Kerikala, un conjunto de “habitaciones sacerdotales”.
Todo lo que se sabe de esta cultura se debe a las deducciones extraídas de los restos arqueológicos, recuperados tanto en conjuntos monumentales como en enterramientos. Los tiahuanacotas, al igual que muchas otras civilizaciones de las Américas, no dejaron testimonios escritos de su historia y sus avatares, y las culturas posteriores no guardaron demasiados recuerdos de sus hechos. Se supone que al conocer la grandiosidad de las ruinas de Tiahuanaco, los Incas y otros pueblos coetáneos las incluyeron en sus propios mitos, especialmente dentro de la leyenda de Viracocha y la creación del mundo (ver), algo similar a lo que hicieron los mexicas o aztecas cuando descubrieron Teotihuacan.
Los keros, tapices y túnicas multicolores extraídas de tumbas tiahuanacotas generalmente representan felinos, cabezas, víctimas de sacrificios, pastores y efigies. Son un resumen de lo que pudo ser la vida de esa sociedad andina, tan famosa y nombrada y, al mismo tiempo, tan desconocida.

Tiahuanaco, en Wikipedia.
Cultura Tiahuanaco, en Wikipedia.
La cultura Tiahuanaco, en ArteHistoria.
Tiahuanaco, en EducaRed.
El Imperio Tiahuanaco-Huari, en Historia del Arte.
Libro “Las ruinas de Tiahuanaco: recuerdos de viaje”, por Bartolomé Mitre, en Biblioteca Cervantes.