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Grupo clásico música andina
Tierra de vientos > Intérpretes > Grupo clásico | Número 02 (Sep.-Oct. 2010)
Por Edgardo Civallero

Los Kjarkas
Los Kjarkas

Hacia 1965, los hermanos Castel, Gonzalo y Wilson Hermosa, junto a Edgar Villarroel, dejaron su pueblo natal de Capinota (Cochabamba, Bolivia) y erraron de villa en villa y de ciudad en ciudad, tocando y cantando en fiestas para ganarse la vida. En aquella época, el folklore boliviano estaba bastante desprestigiado, de modo que su repertorio se componía principalmente de zambas argentinas, las piezas más pedidas por el público.
La noche de San Juan de 1971, los cuatro músicos bautizaron a su conjunto como “Los Kjarkas” (del quechua kharka, “nerviosidad, temor”), sin imaginar que en aquel modesto e íntimo acto estaban fundando una de las agrupaciones más emblemáticas de la música andina internacional. A partir de aquel momento incluyeron en su recorrido los escenarios de las peñas folklóricas, y ampliaron su repertorio agregando ritmos criollos populares como cuecas, huaynos y bailecitos.
Cuando tres de los miembros fundadores abandonaron el conjunto, el único integrante que quedó -Gonzalo Hermosa- decidió “refundar” el grupo convocando a músicos como Eddy Carpio o Alcides Mejía. Con esa formación, Los Kjarkas se presentaron por primera vez en La Paz en 1975 y consiguieron organizar algunas giras por diversos países de América Latina.
En 1976 grabaron su primer disco, “Bolivia”. Tras ello el grupo incorporó a sus filas a Ulises Hermosa y a Gastón Guardia, sumando así a un compositor prolífico y a una primera voz incomparable. En 1977 publicaron su segundo álbum, “Sueño milenario de los Andes” y el tercero, “Kutimuy”. En esa época también brindaron sus primeros recitales en Europa, EE.UU. y Japón.
En 1980 editaron “Condor Mallku”. En él comienzan a alejarse un poco del folklore tradicional al incluir temas románticos como “Pequeño amor” o “Por un sueño de amor”. Éste sería el inicio de una tendencia que se concretaría en el siguiente trabajo, “Desde el alma de mi pueblo” (1981). En él, además de temas típicamente andinos, Los Kjarkas exploran el uso del ritmo de chuntunqui como soporte para sus canciones de amor y desamor.
El mismo año, 1981, lanzaron el emblemático “Canto a la mujer de mi pueblo” (ver), con temas que se volverían célebres: “Wa ya yay”, “Siempre he de adorarte” o “Llorando se fue”. Su música ya presenta rasgos característicos, como son el uso de instrumentos tan particulares como el ronrroco (un enorme charango que ellos popularizarían) o los toyos "pipeados" (zampoñas gigantes con boquillas especiales), y la combinación de letras románticas con tropas tradicionales de flautas o ritmos indígenas. De esa forma, sonidos que hasta años antes habían sido rechazados por la juventud y las clases media y alta de la sociedad boliviana, fueron paulatinamente aceptados entre ellos.
En 1982 grabaron su primer concierto en vivo en Europa y un año después presentaron “Sol de los Andes”. La mitad de los temas que componen dicho álbum son chuntunquis románticos: “Niña mía”, “Muchacha de alas blancas”, “En la soledad”... Junto a ellos graban canciones de belleza sin par, como el huayno que da título al disco.
En 1984 lanzaron “Pueblos perdidos” y al año siguiente registrarían otro disco en vivo, esta vez en Japón, un país en el que lograron numerosos éxitos.
Editado en 1987, “El amor y la libertad” muestra como Los Kjarkas dejan de privilegiar al chuntunqui como ritmo romántico por excelencia e incursionaron en otros: de hecho, el disco incluye varias tonadas de amor (“Dejarás”, “Tiempo al tiempo”) y los primeros ejemplos de saya (“Recuerdos”).
Con “Chuquiago marka” (1988), Los Kjarkas retomaron el sendero de la música tradicional, con cantos a la tierra como la emocionante canción que da título al disco (dedicada a la ciudad de La Paz), el huayno “Latinoamérica” o la tonada “Réquiem para un pueblo”. Sin embargo, no abandonan el estilo romántico que tanta popularidad les había hecho ganar (y tantos discos les había hecho vender).
En esa época debieron hacer frente al problema de plagio de su saya “Llorando se fue” por el grupo brasileño Kaoma, que la convirtió en un éxito de ventas dotándola de otro ritmo y re-titulándola “Lambada”. La justicia dio la razón a los autores originales de la canción.
En “Génesis aymara” (1989) combinan los ya clásicos chuntuquis y tonadas con ritmos ancestrales como el k’antu y criollos como la cueca. El tinku “Imillitay” sería la estrella de esa producción, y lo grabarían después muchas otras formaciones.
En 1989 también sale al mercado “Sin palabras”, su única producción totalmente instrumental (tal y como indica su nombre). Si bien dan preponderancia a tonadas y chuntunquis, incluyen sayas y uno de sus escasos sanjuanitos ecuatorianos, “Yawar Masis”, además del famoso huayno “Ch’uwa yaku”.
Con el inicio de una nueva década, Los Kjarkas graban “Los Andes descubrió su rostro milenario”. Predominantemente romántico, cuenta con algunos temas tan célebres como los huaynos “Señora, su hija” o “Jilguero Flores”.
Al año siguiente, y quizás influenciados por el éxito arrasador del grupo boliviano K’ala Marka, se animaron a lanzar “Tecno Kjarkas”, una fusión poco afortunada de su música con ritmos electrónicos.
En 1992 murió Ulises Hermosa, virtual motor del conjunto. El mismo año registraron “El árbol de mi destino”, con las últimas composiciones del recientemente fallecido miembro del grupo. Aunque el disco contiene muchos chuntunquis y tonadas, vuelven a aparecer las sayas (“Mi zamba, mi negra”) que, con su “sensualidad”, irían reemplazando al romanticismo anterior (aunque nunca totalmente).
En 1993 salió a la venta “Hermanos”, un homenaje a Ulises Hermosa, y en 1994 editaron “A los 500 años”, con la fabulosa saya “El ritmo negro”, el huayno-sikuri “Ukhamampi munataxa” y temas de canto a la tierra como “A los 500 años” o “Niños de América”.
El siguiente disco, “Quiquin pacha” (1995), es una recopilación de temas famosos: “Ave de cristal”, “Tiempo al tiempo”, “Por un mundo nuevo”, “En la soledad” o “Jilguero Flores”. En 1996 graban los dos volúmenes de “Sentimiento andino” y en 1997, “Kjarkas” y “Por siempre”. Éste último incluye dos sayas (las conocidas “Saya morena” y “Saya sensual”) y otros ritmos como morenada, taquirari y cueca.
Un año más tarde publicaron un trabajo especial de dos partes dedicado a las diferentes expresiones del Carnaval en Bolivia. A él se sumó “El líder de los humildes”, un disco que contenía cortes de éxito como el tobas “El último amanecer”, la saya “Wayoea” y el tinku “Mi sueño mejor”. Los temas románticos se diversifican en ritmos como el taquirari, el k’antu o el huayno.
Con posterioridad llegarían un disco en vivo (“El concierto del siglo”) en 1999 y una recopilación de kaluyos y pasacalles (2000). El año 2001 sería prolífico: editan tres volúmenes conmemorativos de los 30 años del grupo (“Sólo se vive una vez vol. I y II” y “Desde Cochabamba – 30 años”), “Lección de vida” y una producción de villancicos (“Navidad en los Andes”). Tras ello grabaron la serie “Que no muera la tradición” (2002). En 2003 lanzaron otro recopilatorio, esta vez de cuecas y bailecitos, y en 2004 registran otro concierto en vivo, “Más allá”.
A lo largo de su historia, Los Kjarkas ha ido cambiando su formación debido al recambio generacional. En la actualidad, y desde el inicio del nuevo milenio, sus integrantes son Gonzalo Hermosa González, Elmer Hermosa, Gastón Guardia (tres de los antiguos componentes, uno de ellos fundador), Gonzalo Hermosa Camacho Jr., Lin Angulo y el japonés Makoto Shishido. A pesar de las décadas de trayectoria, y si bien han ido enriqueciéndose con numerosos aportes musicales y estilísticos, su sonido sigue siendo el de siempre: armónico, cuidado y puro.
Sus últimas producciones han sido el disco por sus 35 años grabado en 2006 y el DVD correspondiente, lanzado en 2007.