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Tierra de vientos > La gente > Lengua | Número 01 (Jul.-Ago. 2010)
Por Edgardo Civallero

Las lenguas andinas
    Hoy solamente quiero hablar, / dejar que broten las palabras,
    Echar las frases a nadar / por sobre un mar de quietas aguas.
    Que digan ellas lo que quieran / o callen sin decirnos nada.
    Tal vez que soplen lo que el viento / escucha cuando anda de andadas.

    Illapu. “Que broten las palabras”. Del álbum “Multitudes”.
Desde un punto de vista lingüístico, hoy en día los Andes representan un verdadero mosaico de idiomas, aunque algunos han sido parcialmente cubiertos por las numerosas variedades locales del castellano. En los últimos tiempos varias de esas lenguas se han visto revitalizadas, y entre los muchos factores que han contribuido a ello ha estado también la música.
En el extremo sur de la cordillera, cerca de Tierra del Fuego y en la vertiente chilena, se continúan hablando dos idiomas al borde de la desaparición: los de los pueblos Yámana y Kawésqar. Pero es el mapudungu, la lengua del pueblo Mapuche, el que mayor presencia tiene en todos los Andes australes, en la Patagonia argentino-chilena.

Lengua háusi kút o yámana, en Wikipedia.
Cultura yámana, en Museo Chileno de Arte Precolombino.
Lengua kawésqar, en Wikipedia.
Lengua kawésqar, en Universidad de Chile.
Lengua mapudungu, en Wikipedia.
Mapuche, lengua y cultura, en SlideShare.


La clasificación del mapudungu sigue siendo discutida, así como el número de sus dialectos históricos y actuales y las lenguas vecinas a las que pudo influir (especialmente en Argentina). En 1606 se publicó su primera gramática (Arte y Gramática General de la Lengva que Corre en Todo el Reyno de Chile, por el jesuita Luis de Valdivia), a la que siguieron las obras de Febrés (1765) y Havestadt (1776). Más modernos son los trabajos de Augusta (1903) y de Adalberto Salas (desde la década de los 90’ hasta hoy). En la actualidad existe un conjunto de ocho grafemarios normalizados para escribir la lengua, todos basados en el alfabeto latino y cada uno con sus propios simpatizantes y detractores. El grafemario Azümchefe fue creado por la CONADI y es promovido por el estado chileno, aunque los lingüistas prefieran su Alfabeto Unificado y los propios Mapuche se decanten por el grafemario Ranguileo. Fuentes chilenas señalan unos 200.000 hablantes de mapudungu en el país, a los que hay que sumar unos 60.000 en Argentina, aunque las cifras son totalmente estimativas.
Más al norte, en el altiplano argentino-chileno, es posible encontrar los últimos vestigios de la lengua kunza del pueblo Atacameño, prácticamente desaparecido. Sólo se recuerdan unas pocas palabras, conservadas en cantos ceremoniales relacionados con la limpieza de las acequias. Hoy toda esa área bordea el límite sur del aymara o aymar aru, el idioma del pueblo Aymara.

Lengua kunza, en Wikipedia.
Glosario de la lengua atacameña, en Memoria chilena.
Lengua aymara, en Wikipedia.


El aymara es, desde 2009, idioma oficial en Bolivia y la primera lengua de un tercio de la población. Además, es el primer idioma indígena en el norte de Chile y en el sur de Perú, país en el cual es lengua co-oficial desde 1993. Fue escrita por primera vez por el jesuita Ludovico Bertonio, que imprimió en Juli su primera gramática (Arte y vocabulario de la lengua aymara, 1612). Los trabajos más importantes sobre la lengua fueron realizados por la Escuela de Florida, encabezada por Marta Hardman y de cuya tarea es continuador Juan de Dios Yapita desde el ILCA (Instituto de Lengua y Cultura Aymara). En la actualidad cuenta con 2.6 millones de hablantes (2 millones en Bolivia y medio millón en Perú), una rica tradición oral (generalmente transmitida merced a cantos y cuentos), materiales educativos y una literatura en franca expansión. Incluso el ILCA promociona su aprendizaje a través de cursos online.

Cyberaymara, en ILCA.
Lengua aymara, en Ser Indígena.
Vocabulario de la lengua aymara (Bertonio, 1612), en Memoria chilena.


En el centro de Bolivia (Santa Ana de Chipaya, al norte del salar de Coipasa) se encuentra el chipaj tago, la lengua de los Chipaya, en progresiva desaparición (alrededor de 1.200 hablantes). También es posible oír el kallawaya, hablado por la cultura homónima en la región de Charazani y supuestamente derivado del antiguo idioma puquina. El kallawaya es usado únicamente por los famosos curanderos Kallawaya, declarados por la UNESCO “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad” en 2003 por sus ancestrales conocimientos sobre herboristería nativa.
A partir de esa región, el panorama lingüístico se ve dominado por la enorme familia de lenguas quechuas. Originaria del centro de Perú, es la familia lingüística más extendida en los Andes después de la indoeuropea. Posee entre 8 y 10 millones de hablantes, y la distribución de sus numerosos dialectos abarca una parte importante de la América andina: desde Santiago del Estero, en Argentina, hasta el Nudo de Pasto, en Colombia, y desde la región del Napo, en Ecuador hasta los valles cálidos del oriente boliviano. Es una de las familias lingüísticas indígenas más utilizada y estudiada de América Latina, y posee una literatura rica y diversificada, una tradición oral asombrosa y un creciente número de páginas web, programas radiales y de televisión y expresiones artísticas que la refuerzan y perpetúan.
El quechua ha sido escrito desde la llegada de los conquistadores europeos a los Andes. La primera gramática fue producida por Domingo de Santo Tomás en 1560 (Grammatica o arte de la lengua general de los indios de los reynos del Perú). Posteriormente se publicarían abundantes obras, como las de Diego de Torres (1603) y Diego González Holguín (1607). En tiempos recientes, son renombrados los trabajos de Rodolfo Cerrón Palomino, Alfredo Torero y Gary Parker. Se han creado numerosas asociaciones de estudio y difusión del quechua. Si bien existe una Academia Mayor de la Lengua Quechua, situada en Cusco, las duras críticas que ha recibido han hecho que sus “directrices” sean poco respetadas y muy discutidas. En Perú, el alfabeto quechua está normalizado por una Resolución Ministerial, que la mencionada Academia desconoce. En Bolivia, la variante de la lengua hablada en el país es reconocida como uno de los 35 idiomas oficiales del Estado. Las constituciones de Ecuador, Colombia y Perú estipulan que es segunda lengua oficial en los territorios donde predomine. En Argentina no existe tal reconocimiento.
En los Andes colombianos se acaba la superioridad del quechua con el pueblo Inga y comienza el área de influencia del muisca (en el altiplano Cundiboyacense), que debe compartir espacio con los idiomas de los Páez (Nasa), los Guambiano (Misak), los Kamsá, los Awa-Cuaiquer, los Tunebo (Uwa), los Yukpa, los Barí, los Kofán (A’ingae) y las naciones originarias de la Sierra Nevada de Santa Marta (Ijka, Kogui, Wiwa y Kankuamo).
A pesar de la desaparición de decenas de lenguas, el panorama idiomático indígena actual de los Andes es muy diverso. A ello hay que sumarle la presencia de la lengua dominante, el castellano, que en cada área se ha combinado con las hablas locales para dar una versión regional distinta. Influido por la pronunciación, la gramática y el vocabulario de las lenguas originarias (con muchas de las cuales aún convive), el español ha asumido una amplia variedad de formas. Este mestizaje sólo agrega riqueza al escenario cultural andino, el cual sería incomprensible sin un acercamiento a sus maneras de hablar, de nombrar las cosas y de expresar las ideas y los sentimientos. Sin duda un maravilloso espectro de posibilidades al que también podemos acercarnos a través de la música.

Variedades de español, en Wikimedia Commons.
Proyecto Español de los Andes.